Desmontes: llegando tarde

Mario Rovina


Las multas son cada vez más severas, pero la ley se aplica cuando se ve el camión con su carga y los árboles ya fueron cortados, provocando un daño en el ambiente que tal vez nunca se recupere.

La tala del monte y los bosques en distintos puntos del país quedan evidenciados cuando la policía secuestra grandes cantidades de madera de bosques nativos sin guías ni permisos legales, pero ya es tarde, el ecosistema del que estos formaban parte ya no está y tardará, en el mejor de los casos, muchos años en recuperarse y en otros jamás volverá a su estado natural provocando el desplazamiento de gran cantidad de especies de flora y fauna y la desaparición de muchas otras que dependen del equilibrio natural de los ambientes nativos.

Hace pocas semanas en la provincia de Misiones, lugar donde la tierra colorada y la selva Paranaense se juntan para darnos la mayor biodiversidad de argentina, se produjo un hecho que quiso servir de ejemplo, por la tala de 60 hectáreas de árboles se aplicarían más de 20 millones de pesos de multas a los responsables.

“Se trataría de un predio en proceso de transferencia a favor de un tercero que registra infracciones ambientales anteriores, en cuyo caso, por reincidencia, cabría la aplicación de multas superiores a los 20 millones de pesos, además de los trabajos de restauración del daño causado”, informaron desde el Ministerio de Ecología de Misiones.

Generalmente, en los lugares donde
se producen estos grandes desmontes
la flora nativa es reemplazada por
monocultivos forestales, tales como
pinos o eucaliptus, provocando el
desplazamiento y la desaparición
de la fauna local.

La multa prevé además de los trabajos de restauración del daño causado, como si esto fuera posible. Estamos hablando de la selva, uno de los ecosistemas más diversos y complejos, donde plantas y animales conviven y dependen unos de otros para sobrevivir, un ambiente particular y de un delicado equilibrio que no se restaura plantando nuevamente unos cuantos árboles.

Generalmente, en los lugares donde se producen estos grandes desmontes la flora nativa es reemplazada por monocultivos forestales, tales como pinos o eucaliptus, provocando el desplazamiento y la desaparición de la fauna local que por ser especies exóticas no son parte de su ecosistema y por lo tanto estos enormes bosques se convierten en verdaderos “desiertos verdes”.

En cambio, el monte nativo es un ecosistema con predominio de especies arbóreas nativas maduras con diversas especies de flora y fauna en conjunto con el medio que las rodea, que brinda numerosos servicios ambientales que son utilizados por toda la población.

Son reservorios de biodiversidad, mejoran la infiltración del agua, la retienen y protegen los suministros de agua potable, mejora la estructura de los suelos, aumenta contenido de materia orgánica, disminuye la erosión hídrica y eólica, entre muchos otros servicios que además de ser insustituibles, si los medimos en términos económicos, sus costos serian demasiados elevados.

PLANTAR SOLUCIONES

La organización ecologista Greenpeace viene denunciando desde 2018 que la emergencia forestal en la que se encuentra Argentina es culpa en gran parte del actual modelo agroexportador. La mitad de los desmontes son ilegales, por eso la organización reclamó «la penalización de la deforestación ilegal y de los incendios intencionales».

“Argentina está entre los diez países que más destruyen sus bosques en todo el mundo. En las últimas tres décadas, se perdieron 8 millones de hectáreas de bosques nativos, el equivalente a la provincia de Entre Ríos”, insisten desde Greenpeace.

Según argumentan desde la ONG, “la principal razón de la deforestación es el avance de la frontera agropecuaria, cuya producción abocada principalmente a soja y ganadería intensiva tiene como principal destino la exportación y no el consumo local”.

El avance reciente de la soja y de los
monocultivos forestales, entre otras
acciones humanas, han hecho que se
produjera el muy grave fenómeno de
la deforestación en vastos territorios
de nuestro país con consecuencias
muy negativas para el ambiente.

“Existe una falsa teoría, muy difundida entre grandes productores agropecuarios, dirigentes políticos y promotores del actual modelo agroexportador, de que el desmonte es sinónimo de progreso y, por eso, es necesario sacrificar nuestros bosques para aumentar el bienestar de la población. Sin embargo, este paradigma de producción depende del mercado externo y de la concentración en grandes latifundios, donde se margina la agricultura campesina y la subsistencia de los indígenas, a quienes no se le reconoce el derecho a la tierra”, explicó Noemí Cruz, coordinadora de la campaña de bosques de Greenpeace.

El avance reciente de la soja y de los monocultivos forestales, entre otras acciones humanas, han hecho que se produjera el muy grave fenómeno de la deforestación en vastos territorios de nuestro país con consecuencias muy negativas para el ambiente: muerte de animales que vivían en dichos bosques, el agravamiento del fenómeno global del cambio climático, incremento de las inundaciones en muchas regiones, etc.

Por lo que es vital que se impulse la plantación de árboles en regiones no productivas, que sean ejemplares nativos y que no corran riesgos de ser talados por cuestiones de ampliación de zonas dedicadas a futuros emprendimientos productivos o similares.

Otra medida urgente seria incrementar los controles para prevenir los desmontes ilegales, para no seguir llegando tarde.

 

La Vanguardia Digital - 15 de enero de 2020

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