Los fines y los medios según Correa

Emiliano Guido
Vino al país invitado por el Centro Cultural de la Cooperación uno de los hombres más importantes del gobierno ecuatoriano. Exministro de Cultura, titular del partido oficialista Alianza País, mano derecha del presidente Rafael Correa, Galo Mora habló con Miradas al Sur sobre la nueva agenda de gobierno del Palacio Carondelet.

Galo Mora, Secretario Ejecutivo del partido oficialista ecuatoriano, cita a Antonio Gramsci y a Arturo Jauretche cuando habla con Miradas al Sur sobre el presente de la denominada Revolución Ciudadana. Pero, además, este ex ministro de Cultura y mano derecha del presidente Rafael Correa que llegó a Buenos Aires para participar del interesante ciclo sobre el presente de La Patria Grande que está organizando el Centro Cultural de la Cooperación (uno de los invitados es el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera), utiliza referencias ideológicas más cercanas para dar cuenta de los nuevos desafíos gubernamentales del correísmo. En ese sentido, Mora afirma en ese tono tan parecido al timbre mexicano que poseen los ecuatorianos, que en su país ha llegado la hora de la “revolución cultural”. Pero no la que realizó Mao, aclara enseguida. Además, Galo Mora precisó en esta entrevista los alcances de la ley de medios a punto de aprobarse en el Congreso y contó cómo un empresario argentino ayudó a revelarles la puesta en marcha del frustrado golpe castrense del 2010.

–Desde que Alianza País llegó al Palacio Carondelet, el presidente Rafael Correa emprendió reformas significativas en la economía, la Justicia y en el sistema de medios. ¿Cuáles son los objetivos planteados en la nueva agenda de gobierno?

–Ahora nos pusimos como ejes temas relevantes, la revolución cultural. Esta expresión es de por sí compleja por los antecedentes de la República Popular China pero se refiere, fundamentalmente, a lo que (el intelectual renovador de la teoría marxista y fundador del PC italiano) Antonio Gramsci denominó crítica de las costumbres, es decir, promover un cambio de la matriz cultural dominante. Lo que dice el presidente Correa es “hemos vencido en ocho elecciones consecutivas”; evidentemente, este proceso no va para atrás pero, igualmente, el reto sigue siendo trabajar en la conciencia colectiva. Y sí, esta revolución es irreversible, entonces hay que hacer nuevo sentido común que el poder popular establece las conquistas a través de la autocomprensión de que éste es su Estado. De que el Estado per se, como señalaba la tesis izquierdista de los setenta, no es dañino porque, en realidad, necesitamos contar con un Estado en el que se amparen las reivindicaciones y que permita la distribución de la riqueza. Y, así, de esta manera, se instala la cuestión del poder. Entonces, tenemos que buscar que la democratización no sea demagógica ni fetichista y, segundo, hacerlo sin capitular, aunque nos topemos con intereses monopólicos y corporativos, porque de lo contario no hay redistribución ni de la riqueza ni del poder. El otro eje de la revolución cultural pasa por revisar nuestra matriz productiva. Porque hemos vivido desde el año ’72 una era de exploración y explotación petrolera. Pero eso está cambiando, en el año 2016 estaremos exportando, por primera vez en nuestra historia, energía hidroeléctrica gracias a la construcción de ocho grandes represas.

–¿En esa área hay grandes acuerdos con Brasil?

–Sí, pero también con Colombia y Perú. En ese sentido, algunas organizaciones ambientalistas minoritarias; pero, no por poco representavivos, despreciables, yo también he sido parte de proyectos políticos minoritarios, nos critican por esta política energética pero cualquier política de desarrollo tiene impacto sobre la naturaleza. Pero, el problema cuál es la tesis de los sectores ecologistas y cuáles son las alternativas concretas. Rafael Correa dice a mí no me gusta la minería pero mucho menos me gusta la pobreza.

–En ese sentido, la Conaie (la mayor organización indígena del Ecuador) critica los impactos ambientales y la criminalización de la protesta social (denuncian que hay más de 250 militantes procesados por la ley antiterrorista) que lleva adelante Quito con la megaminería. A su vez, su gobierno promocionó un proyecto revolucionario como el Yasuní– ITT (dejar el petróleo del Amazonas sin explotar a cambio de una compensación internacional). ¿Cuál es realmente el modelo productivo que defiende Correa?

–A ver, el acuerdo que alcanzamos en el área del crudo con las grandes petroleras va en el mismo camino que estamos transitando con las multinacionales que desean extraer commodities en nuestro suelo. En ese sentido, antes de Correa, las petroleras se llevaban el 82% de la renta. Supongamos que el barril estaba 100 dólares, en ese momento el Estado se quedaba sólo con 18 dólares. Cuando Alianza País gana el gobierno, Correa decreta que el acuerdo con las petroleras se invertía radicalmente 80 a 20, pero a favor del Estado. Por eso, la captura de la renta petrolera se multiplicó más de cuatro veces en los últimos años. Pero, no es sólo una cuestión de plata. También es saber que ese dinero proveniente del petróleo se invertirá a nivel territorial en los departamentos petroleros. Con la minería pasa algo igual. Teníamos un Código de Minería antinacional, pero eso lo revertimos. Ahora, muchas empresas canadienses mineras se han ido del país por no aceptar que la mayor parte de la renta ahora queda en manos del Estado. En definitiva, al redefinir el marco de asociación con las multinacionales petroleras y mineras nosotros elegimos de todos los mundos posibles el mundo más práctico, el mejor posible.

–¿En qué quedó, entonces, el proyecto Yasuní–ITT? ¿Consiguieron apoyo internacional para no lesionar la biodiversidad amazónica?

–Es lamentable pero no hay respuestas de la comunidad internacional para apoyar nuestra iniciativa. Creo que es una utopía, en realidad, porque el mundo necesita el petróleo y los grandes capitales y las grandes transnacionales se juegan su propia supervivencia a través de la extracción de las commodities como el crudo. Igualmente, el proyecto Yasuní sigue siendo, aunque sea inviable desde lo económico, una tesis defendida por nuestro gobierno. Pero, claro, estamos viendo una respuesta coherente de los países industrializados que no quieren apoyar el ITT porque no les gusta mucho la preservación ecológica, como tampoco les gusta mucho la poesía (risas).

–Ecuador atraviesa hoy una trampa geopolítica. Sus vecinos, y por lo tanto, sus mayores socios comerciales, apoyan la librecambista y pronorteamericana Alianza del Pacífico. A su vez, Quito pidió ingresar al Mercosur, un bloque con el que no están tan conectados en términos de infraestructura. ¿Cómo intentan sintetizar la contradicción entre los intereses políticos y económicos que les presenta la actual coyuntura regional?

–A ver, yo creo que los bloques comerciales monolíticos no existen. Cada asociación e, incluso, cada país presentan sus propias particularidades. En el ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas) pasa lo que estoy comentando. Me pregunto qué temporalidad tendrá la alianza México-Colombia-Perú- Chile si el próximo año (Michelle) Bachelet gana en Chile. Y no es que aspiremos a que Michelle conforme un gobierno marxista pero creemos que su tendencia no es la de (Sebastián) Piñera, precisamente. En el caso de Perú se aproximan las elecciones presidenciales del 2015 y habría que ver si los discursos son coherentes con la acción. Pero, claro, en el caso de Colombia sí creemos que ha habido un avance inmenso con el presidente (Juan Manuel) Santos contra el virus anticomunista que esparció Álvaro Uribe en su país, porque Uribe representa la extrema derecha de Latinoamérica. A ver, con Santos se puede conversar. Igualmente, hay que entender que la interconexión comercial puede tener un color conservador pero, paralelamente, puede dar lugar a denominadores comunes en lo político. Cuando se intentó dar el golpe militar contra Correa en el 2010, los presidentes que lideraron el auxilio democrático del país en la región fueron Santos y el peruano Alan García.

–Ya que menciona el putsch castrense, ¿qué hizo Correa para reformar una institución policial evidentemente proclive a recibir auxilio financiero e ideológico de Washington?

–Es un tema muy sensible. La semana pasada se creó una nueva comisión parlamentaria para investigar el levantamiento policial del 2010 porque aún no se termina de revelar todo el entramado de responsabilidades políticas y policiales que participaron en el frustrado golpe. A ver, les voy a revelar una infidencia. Un empresario argentino, del que no puedo revelar el nombre, me contó que la noche anterior al alzamiento estaba en Guayaquil disfrutando de una cena con importantes ejecutivos y, en el momento en el que planteó que deseaba quedarse unos días más en Ecuador sus socios les recomendaron que no lo haga porque el aeropuerto iba a estar cerrado porque se venían días difíciles. ¿Increíble, no? Otro dato más público y menos secreto. Una semana antes de la rebelión policial se juntaron en Miami importantes banqueros con el (ex presidente) Lucio Gutiérrez y ahí la conclusión que sacaron fue una sola: “acabado Correa, se acaba el modelo”. El día de la revuelta, cuando me acerqué a dialogar con los policías, uno de los uniformados se sacó su pasamontaña y me gritó comunista hijo de puta, yo te conozco bien. Después Correa me bromeaba y me decía en todos lados te conocen. Esa protesta no fue por salario. Evo Morales lo dice de una forma más graciosa: saben porque no hay golpes en Estados Unidos, porque no hay embajada norteamericana.

–¿En qué instancia se encuentra la ley de medios?

–La ley fue ingresada hace más de tres años atrás en el Congreso pero, sin embargo, las fuerzas parlamentarias boicotearon sistemáticamente su tratamiento. Ahora, tras la última elección presidencial, Alianza País cuenta con una mayoría legislativa significativa (100 de 137 diputados responden al correísmo) y la vamos a utilizar para aprobar y reglamentar la nueva ley de comunicación audiovisual. ¿Qué plantea la ley? Primero, distribuir con un criterio más democrático las frecuencias radioeléctricas porque eso es democratizar el poder. Dos, establecer parámetros sobre la responsabilidad ulterior. No censura previa pero sí fijar límites al discurso mediático con sesgo racial o a los mensajes editoriales destituyentes. Y, por último, reglamentar que no pueden ser las corporaciones bancarias y financieras dueñas de plataformas mediáticas. Hoy, las principales cadenas de televisión y diarios son voceros de la banca y eso distorsiona e intoxica la agenda de discusión pública.

–Dice que Correa es invencible en las elecciones. Pero Correa no es inmortal. ¿Cómo piensa, no en términos constitucionales sino estratégicos, el correísmo la sucesión? ¿Se está dejando lugar a nuevos cuadros políticos?

–Él dijo que ésta es su última gestión presidencial, salvo que lo molesten mucho, aclaró, para tener a la derecha preocupada. En ese sentido, acabamos de realizar una Asamblea Legislativa histórica. Ahora, las tres principales líderes del Congreso son mujeres. La presidenta tiene 29 años y ha dado un discurso en su asunción que ha puesto a temblar a las huestes neoliberales porque entienden que ahí se está asegurando el futuro de Alianza País. Esto es muy simple, entre el pueblo ecuatoriano hay escondidos muchos Rafael Correa. Nosotros ya abrimos la puerta para que entren al gobierno y conduzcan el futuro del país.

Miradas al Sur - 9 de junio de 2013

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