Valores nacionales y nihilismo como enseñanzas del triunfo de Cambiemos: interpretación y propuestas

Germán Linzer * (Especial para sitio IADE-RE) | Un lúcido analísis acerca de las creencias y valores de los sectores sociales medios puestos en juego en la disputa política.

“…vemos que, cuando una determinada clase se ve amenazada por nuevas tendencias económicas, reacciona frente a tal amenaza tanto psicológica como ideológicamente, y que los cambios psicológicos llevados a cabo por esta reacción contribuyen al ulterior desarrollo de las fuerzas económicas, aun cuando tales fuerzas contradigan los intereses materiales de esa clase”.

Erich Fromm, Miedo a la Libertad

Valores, creencias sociales y acuerdos ciudadanos en Argentina

Pasado ya más de un año del triunfo electoral de Cambiemos, es posible arribar a algunas conclusiones sobre qué tipo de acuerdos son los que cimientan a nuestra sociedad. Es decir, estamos en mejores condiciones de conocer cuáles son los valores y creencias que hacen de la nuestra una misma sociedad en busca de un destino común.

Como toda la Modernidad Occidental, nuestra sociedad nacional comparte valores básicos, como la aspiración a la igualdad o la búsqueda de la justicia, el deseo de la fraternidad social y del ejercicio pleno de la libertad. Este año de gobierno de Cambiemos parece habernos enseñado que los argentinos entendemos diferentes cosas cuando reivindicamos esos valores como los acuerdos ciudadanos mínimos.

Por ejemplo, existe consenso acerca de la importancia de justicia como punto de partida de una sociedad mejor. Pero unos entienden que es la “justicia social” el principal impulso al desarrollo y otros, en cambio, entienden que justicia es, más específicamente, la adecuada recompensa/castigo basada sobre el mérito/demérito en la conducta. Ambas concepciones no deberían ser antagónicas, sino momentos “dialécticos” de una misma concepción de lo justo. Pero cuando hubo que tomar una decisión política en noviembre de 2015, se apostó por proyectos políticos que reivindicaban una u otra forma de interpretación de la justicia como valor fundamental.

También se puede hacer una dupla de “falsos antagonismos” valorativos, pero decisivos al momento de elegir proyectos políticos, en la concepción de la igualdad: unos la entienden como “de oportunidades” y otros “de posiciones” sociales (dado que en la simetría social estaría dada la real garantía de las oportunidades individuales). Lo mismo ocurre con respecto a la idea de “libertad”: unos la entienden como el derecho que tiene el individuo de disponer de su voluntad como mejor le parezca, mientras que otros entienden que libertad es la posibilidad de autodeterminarse socialmente, logrando que los individuos puedan expresar en ella lo mejor de sus potencialidades.

Ni siquiera la “pobreza cero” terminó siendo un valor compartido: empobrecer a más de dos millones de ciudadanos en un año sin que el Presidente pierda “imagen positiva”, significa que la erradicación de la pobreza tampoco es un acuerdo ciudadano entre los argentinos.

Quizás el único consenso concreto sea el mantenimiento de la democracia liberal como sistema político. El hecho de que no sea cuestionada (es decir, que la minoría acepte el gobierno de una mayoría a la que cree equivocada) no es un tema menor y habla de un aprendizaje histórico. Máxime cuando ocurre, como en la Argentina, que ambos grupos creen que la democracia es un sistema de instituciones que mayormente funciona controlada por intereses espurios (para unos, la democracia formal es la forma de operatoria moderna de los grupos económicos y, para otros, es la posibilidad de manipulación del gobierno por parte de una ciudadanía inculta y corrompible).

A tal punto ambas concepciones sociales sostienen sus valores y creencias que los fenómenos económicos, incluso aquellos que los afectan negativamente, pasan a un segundo plano. No siempre “es la economía, estúpido”. Las concepciones morales juegan un papel fundamental.

La disputa política en la era del nihilismo neoliberal

Por lo expuesto, se puede decir que ambos grupos políticos tienen una interpretación de los valores modernos que los vuelve inconciliables y que van más allá de las discusiones a las que se vean comprometidos a dar en el marco de las formalidades democráticas.

Lo que está en disputa políticamente entonces no es convencer al oponente, sino seducir a los “apolíticos”, es decir, a quienes no tienen una opinión tomada sobre los temas políticos y están dispuestos a cambiar su voto en función de nuevas percepciones y evidencias. En buena medida, este conjunto está compuesto por ciudadanos que no sólo no sostienen una opinión política, sino que además descreen de ella.

Esto no deja a ambos grupos en igualdad de condiciones, sino que tiende a generar una sociedad más conservadora porque el nihilismo no sólo es una consecuencia, sino también una causa, la emergencia de las derechas neoliberales en todo el mundo. Veamos esto más de cerca:

    1. El nihilismo es una consecuencia de la derecha neoliberal

Es fácil entender por qué quienes viven con un nivel de ingresos por debajo de la línea de la pobreza descreen de la democracia y su sistema de partidos como forma de representación política de sus necesidades. Sin embargo, importantes segmentos de la clase media también descree de la política como forma de solución de los conflictos y concreción de sus anhelos. 

Es parte de una tendencia global el hecho de que los miembros de la clase media se sientan inseguros y amenazados en su posición económica y prestigio social. Thomas Piketti explica en El Capital del Siglo XXI que, como resultado de la financiarización y globalización, en el nuevo siglo la reproducción de la clase media se ve en peligro.

Esto lleva a esta clase a una sensación de crisis irresoluta y de frustración permanente. Por más que la riqueza global sea la más grande de la historia, la angustia, soledad, sensación de falta de sentido e injusticia lleva a que incluso en las sociedades más opulentas crezca el consumo de ansiolíticos y los cuadros de depresión (especialmente entre los jóvenes).

Por eso podemos decir que las políticas de la derecha neoliberal provocan descreimiento, apatía y nihilismo. Pero también es verdad que: 

    2. El nihilismo también es la causa de la derecha neoliberal

El descreimiento en que la política y la organización colectiva puedan llevar a mejorar la propia situación, que se percibe como amenazada y no priorizada, lleva a centrar los esfuerzos sobre lo individual, en la propia singularidad. El todo, la sociedad, se percibe como algo incontrolable, injusto y hostil.
Este individualismo, que es el resultado de las políticas de derecha neoliberales, es usado eficientemente por sus intelectuales y medios de comunicación para exacerbarlo como un valor positivo.

La maniobra ideológica es simple: el individuo es puesto en el centro de la escena porque el ser individual nos unifica por encima de cualquier diferencia social: el rico y el pobre, el obrero y el patrón, el humillado y el empresario emprendedor, son todos individuos. Si se logra que los desposeídos piensen en términos de su individualidad en relación a otros individuos, dejarán de indagar en las circunstancias sociales que hacen que los iguales sean en realidad diferentes. La amenaza para cada uno no será un tipo de sociedad que genera desigualdades, sino el vecino próximo que desde su individualidad trata de competir o sacar ventajas por los escasos recursos sociales (materiales y simbólicos).

Este factor es aprovechado por medios de comunicación afines a la derecha neoliberal, personalizando la política y buscando despolitizar a las personas, haciendo énfasis en lo corrupto (u honesto) de los candidatos o funcionarios, las enfermedades del poder sobre los individuos que lo ejercen o, simplemente, la vida sentimental de cada uno de ellos. De política y sus consecuencias, nada.

La individualidad es el factor unificador que les permite a las derechas hacer que una minoría oligárquica sea elegida por la mayoría empobrecida que se ve “representada” en ellos. Transformar al "individuo" en el eje de los asuntos públicos, evita discusiones sobre la política, las relaciones de poder o la geopolítica, ya que todo se puede reducir a lo "espiritual", lo "interior" y la armonía “zen” o “new age” del "posmodernismo".

Propuestas políticas en torno de los “futuros”

Los partidos nacionales y populares tienen dificultades para transmitirles ideas de futuro a este segmento nihilista de la clase media, que parecería ser determinante electoralmente: cuando se habla de programas para grupos sociales, equidad distributiva, desarrollo industrial, incremento de capacidades tecnológicas, etc., que son conceptos propios del discurso nacional y popular, se está dando una idea de “nación”, “comunidad” y de un “largo plazo” de los cuales el individuo nihilista descree. Sin duda es más receptivo a mensajes que hagan foco en la armonía del individuo con el entorno y que refieran a ideas del propio bienestar.

Los movimientos nacionales y populares por prédica, por mística y por afinidad, tienen dificultades para llegar a esta clase media nihilista. Ello se manifestó con fuerza en la derrota sufrida en noviembre de 2015 en los principales centros urbanos del país, donde las clases medias son mayoritarias.

Sin embargo, también es cierto que gran parte de la clase media no “es” de derecha o siente particular convicción neoliberal, sino que es más bien "new age" o posmoderna, es decir, entiende que la solución a los problemas sociales radican en acciones individuales. La diferencia es determinante porque permitiría cierta permeabilidad.

Una campaña electoral no puede basarse sólo sobre visibilizar los resultados adversos de las políticas de los gobiernos neoliberales, ni confrontarlos con sus promesas incumplidas o con las contradicciones de sus políticas respeto de sus autoimpuestas metas sociales. También se debe entender qué valores y creencias son las que sustentan las decisiones de las diferentes clases y subclases, tratando de construir puentes desde ese conocimiento que posibiliten un mayor acercamiento.

Podemos decir que una propuesta nacional y popular no puede ganar con una campaña basada sobre banderas que no interpreten las necesidades de esas clases medias, su nihilismo, y su creencia en el futuro sobre la base al éxito y mérito personal. Así como la campaña de Cambiemos entendió que el “argentino medio” valora que el Estado participe en la economía, los movimientos nacionales y populares tienen que entender que es necesario también apelar al individuo. 

¿Cómo hacer eso sin vaciar de contenido las propias consignas? Una forma es explicando que el ciudadano tendrá más chances individuales si el Estado le permite actuar en planos que potencien su acción, que el individuo será más libre si la sociedad es más justa y que tendrá más oportunidades si se controla al capitalismo.

No existen fórmulas, pero este año de gobierno neoliberal nos deja enseñanzas sobre nuestra sociedad que no se deben dejar pasar para aspirar nuevamente al poder como forma de transformación social.

 

* Licenciado en Economía y gerente de Propiedad Intelectual del INTA.

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