En busca de un eje progresista

Emiliano Ruiz Parra

El presidente argentino visitó a su par Andrés Manuel López Obrador para inaugurar un vínculo atravesado por la producción de las vacunas, las demandas de los feminismos y el progresismo en América Latina. Si con la derrota de Trump AMLO perdió a su aliado del norte, “los argentinos rompieron la inercia y lograron que México se pronuncie mucho más por asuntos regionales”. Encuentros austeros, sanduichitos y recuerdos del exilio en Iguala, símbolo de la independencia y de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Se ven muy cercanos. Se entienden. Ambos son austeros y desconfían de los privilegios y el boato del poder. A los dos les gusta la historia. La austeridad como estilo de gobierno. Impetuosos. Una afinidad personal que se torna alianza política, o más, en un eje de izquierda latinoamericano dirigido por los países que están más al norte, México, y al sur, Argentina. 

Hace apenas tres meses esa alianza era improbable. México estaba alineado con los Estados Unidos de Donald Trump. Desde el primer día de su gobierno, Andrés Manuel López Obrador buscó la simpatía del populista yanqui. Los dos hemos desafiado al establishment de nuestros países, le escribió en una carta. Con el tiempo llegaron a un status quo conveniente para ambos: Trump no se metía en política mexicana a cambio de que López Obrador le hiciera un muro humano frente a la migración centroamericana. México desplegó 27 mil tropas de la Guardia nacional —un cuerpo militar— en funciones de policía migratoria.

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Pero ganó Joe Biden, y Lopez Obrador perdió a su aliado del norte. El mandatario mexicano fue de los últimos jefes de Estado en felicitarlo, y apenas llegó, lo recibió con una reforma legal que acotaba la actuación de la DEA y otras agencias extranjeras.

Y la diplomacia de las vacunas. Me enteré un día que en Argentina se estaba aplicando la vacuna rusa, dijo López Obrador, y envié a un representante ese mismo día para conseguirla. Ahí se puede fechar el nacimiento del eje progresista, que tanto buscó Fernández —México fue el primer país que visitó como presidente electo— y que López Obrador resistió hasta que se convirtió en su mejor opción.

Natalia Saltalamacchia, experta en la diplomacia mexicana con América Latina, recuerda que López Obrador trató con deferencia a Fernández desde que era presidente electo y lo recibió durante tres horas. Pero sin duda el estado de la relación que logró esta visita es un mérito del argentino.

—Estamos llegando a un nivel muy alto porque a Fernández le interesa mucho. Los argentinos han picado piedra porque México no tenía más interés internacional que en Estados Unidos y el triángulo del norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador). Los argentinos rompieron la inercia y lograron que México se pronuncie mucho más por asuntos regionales. 

Las vacunas, añade la investigadora del Departamento de Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), se convirtió en un punto central en la relación entre ambos países. La autosuficiencia en la producción de vacunas es una apuesta en América Latina. Con la alianza para envasar la vacuna de AstraZeneca en México —una vez producida en Argentina— ambos gobiernos dan resultados concretos al respecto. Argentina, con su tradición de diplomacia peronista de buscar la tercera vía, puede jugar a no alinearse. México, país fronterizo con Estados Unidos, tiene otros límites.

La visita de Fernández también sirvió para eso, dice John Ackerman, intelectual cercano a López Obrador: para demostrar que América Latina no estará a la espera de recibir los sobrantes de las vacunas de Estados Unidos, sino que apostará por el sur.

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Los sanduichitos

En uno de sus encuentros fuera de las cámaras, Alberto Fernández y sus ministros se reunieron durante dos horas con intelectuales y políticos mexicanos, algunos cercanos al presidente Obrador. Entre ellas y ellos estaba la secretaria general de Morena, el partido oficial, Citlali Hernández, la ministra de la Función Pública, Irma Sandoval, además de investigadores de la UNAM y el Colegio de México expertos en relaciones internacionales.

A los mexicanos les sorprendió la sencillez de Fernández. Llegó diez minutos antes de la cita —la reunión fue en la embajada— sin aparato visible de seguridad. Al final del encuentro, de dos horas, habló personalmente con cada asistente. No se sirvieron canapés de lujo ni una cena en forma. Sólo “sanduichitos”.

—Lo más peculiar fue el formato tan horizontal y de estilo seminario. Lo común es que sea más protocolar. En otras reuniones uno acaba conversando con la comitiva más que con el presidente. Lo valioso fue una conversación sustanciosa sin ninguna verticalidad. Eso hace posible un diálogo que tiene fondo. Esa es la diferencia. El formato. Y para que ese formato sea posible tienen que tener un interlocutor acostumbrado a debatir y a hablar no desde el discurso oficial sino que tenga incorporadas ideas y lecturas. En esto vi al presidente muy cómodo —contó una de las asistentes a la reunión.

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Algunas historias y reflexiones que compartió en la charla:

—Que Angela Merkel, canciller alemana, tenía dudas sobre la vacuna Sputnik V de fabricación rusa. Y que él abogó por el biológico.

—Que en una negociación con la administradora de fondos Rockwell sobre una deuda que le había dejado Macri, pidió la ayuda del presidente López Obrador para destrabarla y conseguir mejores condiciones. 

—Que el coronavirus había diezmado las economías más poderosas del mundo, lo que demostraba la debilidad estructural del modelo. La pandemia transformó por completo su gobierno; había trastocado su capacidad de planeación. 

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Un violador en tu camino

“A Alberto Fernández lo trajeron para feminicear a López Obrador; para que López Obrador se cubra con el manto feminista de Alberto”, dice Yolitzin Jaimes en Iguala, Guerrero. Es el último paso de la visita del presidente argentino en México

Yolitzin tiene la remera blanca manchada de sangre. Va a requerir puntos de sutura en la cabeza: a las tres de la tarde recibió un golpe con un megáfono.

Yolitzin llegó a Iguala para protestar frente a López Obrador y Alberto Fernández. Como miles de mujeres mexicanas, está en desacuerdo que Morena —el partido del presidente Obrador— postule a Félix Salgado Macedonio como gobernador de Guerrero para las elecciones del próximo 6 de junio. 

Salgado tiene tres denuncias por violación, una de ellas de una mujer que lo acusa de haberla abusado cuando tenía 17 años. Obrador le ha respondido a las feministas que Salgado es el candidato del pueblo y no hay razones para cambiarlo. Las ha acusado de prestarse a politiquería de temporada electoral y de favorecer a los adversarios del presidente. 

Yolitzin y otras seis mujeres de la colectiva Ningún Agresor en el Poder habían llegado temprano al patio del Museo de la Bandera de esta ciudad, unas horas antes de que el ejército mexicano cercara la plaza. Quisieron desalojarlas pero resistieron. Se quedaron ahí y desplegaron una lona con letras en color morado: “¡Presidente, rompa el pacto, un violador no será gobernador”. 

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Alberto Fernández vino a Iguala como invitado especial a la conmemoración de los 200 años del Plan de Iguala: un programa político promulgado en 1821 que permitió la independencia de México, y que se logró gracias a la alianza de dos caudillos antagónicos, Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, uno era independentista y otro españolista, pero éste último prefirió la independencia con tal de “conservar los privilegios de la oligarquía”, como dijo Obrador. Fernández y Obrador subieron hasta el cerro del Huetete y dieron largos discursos de historia patria. Fernández aprovechó para llevar agua a su molino: si dos líderes tan distintos como Guerrero e Iturbide pudieron unirse, ¿por qué no podemos hacer lo mismo los líderes latinoamericanos?

Iguala es un lugar emblemático y no sólo por ser la cuna de la Independencia y de la primera bandera nacional. También porque ahí desaparecieron 43 estudiantes de Ayotzinapa. La versión oficial indicaba que policías municipales los habían detenido y entregado al crimen organizado, quien los habría asesinado e incinerado. Las madres y padres de los estudiantes, sin embargo, reclaman que se investigue la posible participación del ejército en los hechos. 

Esta vez, sin embargo, las que se manifestaban no eran las madres de los jóvenes desaparecidos. Eran las feministas. “Félix violador, AMLO solapador”, decía la manta en las manos de Sandra Castrejón, de la Colectiva No Estás Sola, que desplegó a unos metros de donde pasaron las camionetas donde iban Obrador y Fernández. 

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“Yo le pido a Alberto Fernández que por favor hable con nuestro presidente. Allá escucharon a las mujeres, se aprobó el aborto, y aquí es necesario que nos escuchen”, pidió Castrejón, mientras seguidores de Salgado pretendían callarla con el grito “es un honor estar con Obrador”. 

Alberto Fernández y López Obrador cerraron la visita a México con un recorrido por el Museo de la Bandera, en el centro de Iguala. Apenas se fueron, a las tres de la tarde, las seguidoras de Salgado Macedonio cargaron a gritos contra las feministas. Una de ellas le estrelló el megáfono a Yolitzin Jaimes en el rostro. 

“Temo por mi vida. Han asesinado a varias activistas en Guerrero y los crímenes están en la impunidad. Voy a pedir asilo político en otro país”.

Ni los cientos de soldados armados, ni la ayudantía del presidente mexicano evitaron la agresión, aunque ocurrió cerca de ellos minutos después de que los presidentes se habían retirado. 

Los exiliados

Hubo un símbolo que se repitió en la visita del presidente Fernández: los exiliados de la dictadura. Obrador recordó que los tuvo de maestros en la UNAM. La alcaldesa de la capital, Claudia Sheinbaum, hasta habló de Mercedes Sosa antes de entregarle una medalla a Fernández. Formaron intelectualmente a una generación de mexicanos, dijeron. Y sí. Lo que no dijeron es que el exilio sudamericano era muy prudente al hablar sobre México. Y no era para menos. Acá también había una dictadura. Más suavecita, pero intimidante.

 

Anfibia - Febrero 2021.

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