No trabajarás después de hora

Bernardita Castearena


Cómo se viven las ventajas y desventajas del trabajo a distancia, y qué dice la reciente ley de Teletrabajo para regular lo nuevo y no tan nuevo.

El supuesto mundo ideal en el que las personas trabajan desde la cama con una taza de café en la mano y una serie de fondo, puede convertirse en un espiral del infierno en el que se permanece frente a la pantalla hasta horas irrisorias y los patrones se aprovechan al máximo de que los empleados tienen los elementos a mano para pedirles favores a cualquier hora. Para eso llega la Ley de Teletrabajo: para regular una actividad que hasta la cuarentena era ocasional y esporádica, pero que desde hace un año llegó para ocupar definitivamente las agendas empresariales de todo el país -y del mundo-.

Entre los puntos más importantes de la nueva Ley que regirá en todo el país a partir del 1 de abril del corriente año, se encuentran la igualdad de derechos y obligaciones que las personas que trabajan de forma presencial, derecho a una remuneración igual a la que percibirían en la oficina, así como el derecho a no ser contactados y desconectarse de los dispositivos móviles fuera de su jornada laboral y durante las licencias. Éste es uno de los puntos que más creen necesitar los trabajadores: diez de las diez personas que fueron consultadas por Hamartia respondieron que los “pequeños” favores por fuera del horario laboral fueron la falla más habitual del teletrabajo, ya sea por jefes abusivos, por diferencias horarias con oficinas de otros países o porque los compañeros arrancaban más tarde y hacían consultas una vez terminada la jornada. “Cuando vos trabajás en la oficina, no tenés la posibilidad de llevarte las herramientas, entonces la jornada laboral termina a las seis de la tarde. Cuando estás en tu casa saben que estás cerca de la computadora y se exige una solución inmediata a problemas que podrían esperar hasta el otro día”, dice Andrés, un economista que trabaja en una dependencia del sector público.

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La comodidad de estar en casa y la reducción de gastos son los dos aspectos positivos por excelencia: “No tener que comprar comida en la calle ni cargar la sube es la mejor parte”, dice Enzo, un ingeniero electrónico que hasta que empezó la cuarenta, trabajaba en microcentro y volvía a su casa todos los días después de las siete de la tarde. A la jornada laboral de nueve horas se le sumaba una extra de ida y de vuelta en un subte al que sólo podía subir si hacía fuerza. El home office significó para él la posibilidad de cambiar –literalmente- su vida: hace seis meses que se mudó al interior de la provincia y sigue trabajando como si nada. Para Martín, que trabaja en un call center de lunes a viernes, el balance es bastante parecido: “Además de gastar menos en almuerzos, puedo compartir las comidas con mi familia, algo que no hacía desde que empecé a trabajar hace varios años”.

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La ley plantea, que el empleador debe compensar algunos gastos relacionados a la conectividad y los consumos. Esto quiere decir que si los gigas no alcanzan, o el gasto de electricidad, por ejemplo, es mayor al habitual, debe haber una compensación por parte de las empresas. Por otro lado, se exige a los empleadores que provean de equipamiento de hardware y software a los empleados que trabajan desde sus casas. De lo contrario, la empresa deberá compensarlos por usar sus propias herramientas. A medida que le comentamos los puntos de la ley, Verónica, una contadora platense, se ríe del otro lado del teléfono mientras confiesa que siempre trabajó desde su notebook y hasta tuvo que comprarse una silla de escritorio porque empezaba a sentir las ocho horas de home office en la espalda.

Otro de los puntos que une a los diez entrevistados es el desconocimiento: ni en el sector público, ni en el privado, ni los ingenieros, ni los trabajadores de call centers, ni los periodistas ni los abogados tuvieron un espacio de debate y/o puesta en común de los puntos de la ley en sus trabajos.

Después de un año de adecuarse a tener la oficina en el borde de la mesa del comedor, la mayoría cree que una reglamentación más veloz del teletrabajo les hubiera ahorrado algunos dolores de cabeza, pero que igual la ley llega justo a tiempo para no empezar el año repitiendo los errores del principio de la cuarentena.

 

hamartia - 14 de febrero del 2021

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