Manual de autodefensa financiera
Cuando un problema es de la mayoría deja de ser un problema individual y se convierte en un problema social. Y si es un problema social, la salida es colectiva y la herramienta de transformación es la organización política.
Construimos esta herramienta que le llamamos manual de autodefensa financiera porque queremos poner a disposición herramientas construidas en base a saberes surgidos de acompañamientos militantes, en la investigación desde la organización comunitaria, de las herramientas institucionales que tenemos disponibles o que necesitamos exigir que funcionen. Lo escribimos porque queremos contribuir a un proceso de organización y politización de la deuda que tomamos —que nos hicieron tomar para subsistir—. Le llamamos autodefensa antes que educación financiera porque partimos de la constatación de que hay un abuso generalizado de las instituciones financieras, bancarias y no bancarias, de las empresas de finanzas digitales llamadas fintech, tanto en las formas de cobro como en el nivel de tasas de interés que estamos pagando para financiar lo que necesitamos para vivir. No hay falta de educación en el modo de organizar nuestras vidas, sino una estrategia deliberada de desorganizar nuestra vida cotidiana a partir de políticas económicas que nos empobrecen y precarizan.
Nuestro punto de partida es que es un problema colectivo que se vive de manera individual y que allí hay un problema político de primer orden. Porque en la individualización del ajuste sucede todo lo que el neoliberalismo siempre soñó: que carguemos en soledad y de manera aislada con los efectos que genera la concentración y fuga de la riqueza, la inequidad creciente y el desamparo de las mayorías.
Además, en la asunción individual del ajuste confluyen la sensación de fracaso personal, la angustia y la imposibilidad de imaginar el futuro. La deuda se consume nuestro tiempo, nuestras energías y contribuye a desintegrar la organización social porque compite con la producción de tiempo para lo común; no hay tiempo para estar con los hijos, las amigas, los compañeros de trabajo o las vecinas del barrio.
Vivir endeudado/a significa aceptar jornadas de trabajo más largas para pagar deudas, vuelve un «privilegio» la participación comunitaria o política e incluso el derecho al ocio. Así, lo colectivo y comunitario se vuelve un imposible como horizonte.
Pero vayamos a las causas estructurales de esta explosión de endeudamiento familiar que sufre toda la Argentina: desde el movimiento feminista constatamos que la presencia del Fondo Monetario marca un punto de inflexión en el nivel de endeudamiento de las mayorías.
El programa de ajuste del fmi funciona como una máquina de devaluar ingresos, tanto de los salarios como de las prestaciones sociales. Así, empieza a aparecer el fenómeno de «tomar deuda para vivir». Este fenómeno se fue extendiendo como realidad de la mayoría de las familias argentinas, en especial, en mujeres y juventudes. Lo vimos muy concretamente en como la Asignación Universal por Hijo/a (auh) pasó de ser una forma de acceder a los bienes y servicios necesarios para cuidar, a una mera garantía para tomar deuda. Acá hay un punto que queremos dejar en claro: la deuda con el fmi está íntimamente relacionada con la deuda que hay en tu casa. Los efectos de la aplicación del programa económico que pide el fondo en nuestro país, llevan a que te tengas que endeudar cada vez más.
La pandemia fue otro punto de inflexión que coincide con la proliferación de billeteras virtuales, muchas incluso no bancarias. Detrás del atractivo de la virtualización del dinero y la comodidad para pagar y comprar bienes o servicios, se presentan como dispositivos para contraer deuda fácilmente en economías familiares en retroceso. Los efectos están a la vista, precarización y tasas de interés astronómicas.
En este gobierno, se sucedieron tres procesos que llevaron nuestra vida a un límite insostenible, que estalla en nuestra salud mental y se ve reflejada en los índices de mora: la liberación de precios de los servicios básicos bajo la idea «desregulación» y «libertad» que no es más que la libertad de las corporaciones para cobrarnos lo que quieran, la pérdida del salario frente a la inflación y las tasas usureras desreguladas.
La motosierra, símbolo del ajuste criminal sobre el Estado y sobre nuestra vida, se sostiene con tu deuda familiar y con la deuda que toma permanentemente el Estado con los organismos internacionales de crédito.
Sostenemos que no puede haber legitimidad en una política que endeuda a millones de argentinos/as. La gravedad inédita del problema ya hizo proliferar una veintena de proyectos de ley en el Congreso de la Nación para dar respuesta a esta situación. También hay iniciativas de orden municipal y provincial.
Creemos que las empresas que brindaron créditos con tasas de interés usureras y se beneficiaron con la desesperación de la gente, deben asumir su responsabilidad. Ninguna política ni proyecto puede omitir la necesidad de implementar quita y condonación de las deudas que nos ahogan. Así como también es imprescindible una intervención activa del Estado, partiendo de la premisa de que no se trata de una relación entre iguales —vos y el sistema financiero—.
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Fuente: Autodefensa Financiera - Septiembre 2026

