Default y devaluación, dos caras de la misma moneda
El Congressional Research Service del Congreso de los EEUU acaba de plantear la idea de que no podemos descartar que la administración Milei deba recurrir a una devaluación significativa del peso y/o a un nuevo default, el 10mo. de nuestra historia. No vamos a responder a esto, pero si hasta qué punto, uno va de la mano del otro.
Un modesto tuit de Carlos Rodríguez (en respuesta a otro de Alejandro “Topo” Rodríguez), una de las mentes primigenias detrás del ascenso de Javier Milei al poder -y de los primeros en ser mandado al ostracismo-, apuntando al reciente informe del Congressional Research Service ("U.S. Financial Support to Argentina”, 30 de diciembre de 2025) que realizaron Joshua Klein y Rebecca M. Nelson disparó una cuestión interesante.
Pero primero vale aclarar quién es el CRS. Un poco a la manera de nuestra Oficina de Presupuesto del Congreso -o lo que ésta debería ser-, se trata de un organismo técnico del Congreso, apartidario, integrado por especialistas que asesoran a las Cámaras (los legisladores) y sus comisiones, analizando cuestiones económicas, evitando cualquier posición política (o del Poder Ejecutivo).
No es un ataque, es una descripción
En nuestro caso del documento del anteúltimo día de 2025, la idea era realizar una evaluación sobre los riesgos, beneficios y alternativas en torno al apoyo norteamericano a la Argentina -básicamente el swap del mes de octubre por u$s20.000 millones-.
A favor mencionan la credibilidad del plan económico, la mejora en varios de los indicadores macro (inflación, déficit), las reformas “pro mercado”, la reducción de los empleados públicos y la victoria y avance electoral de Octubre. Pero no es esto lo que nos preocupa.
En contra, apuntan a que el gobierno argentino sigue dependiendo de manera critica del apoyo externo (FMI, Tesoro de los EEUU), que ha sido incapaz de estabilizar el peso y que la estrategia de vender dólares para contener el tipo de cambio no es sostenible en el tiempo.
Informe del C.R.S sobre la situación económica Argentina
La realidad es que el texto tiene más de una advertencia sobre la situación argentina: “La principal fuente de divisas de Argentina es el saldo restante de su línea de swap de divisas con Estados Unidos”, “Argentina no cuenta con un superávit comercial sólido que genere entradas de divisas”, "(el gobierno argentino) podría buscar apoyo financiero adicional de Estados Unidos, el FMI u otros prestamistas oficiales", “Las perspectivas de obtener dicho apoyo son inciertas”, “La disposición del FMI a brindar apoyo adicional a Argentina es cuestionable dado el nivel de exposición que enfrenta a Argentina”, “hay dudas sobre la importancia de la Argentina como socio comercial de los EEUU o para la economía Norteamericana”, etc.
Este último punto merece una ampliación. El informe advierte que el Congreso podría limitar el uso de los fondos del ESF u obligar al Tesoro a que haga pública los condiciones subyacentes del swap con Argentina -por caso, no sabemos hasta cuándo rige-. Por ahora esto no luce demasiado probable, pero no tenemos que olvidar que en octubre pasado se introdujo un proyecto de ley en el Senado norteamericano que busca taxativamente prohibir el uso de fondos del ESF para auxiliar a la Argentina (S.2965) y en noviembre ingresaron dos por la Cámara Baja (H.R. 6050 y 6061) que apuntan directamente en contra del auxilio a nuestro país.

El Secretario del Tesoro Bessent y el Ministro Caputo. El acuerdo que firmaron en octubre, que evitó que la Argentina cayera en el caos, sigue manteniéndose en secreto. Ni los legisladores locales ni los norteamericanos saben que se firmó, por cuanto dinero ni cuando termina. El mercado mientras tanto, mira para otro lado.
Estos proyectos duermen por ahora en “comisiones”, pero la cosa podría cambiar si los demócratas consiguen una buena victoria en la medio término de noviembre (a esta altura, las encuestas los muestran “arriba” por apenas un dígito, lo que dependiendo de lo que pase con los cambios distritales podría no serles suficientes como para recuperar alguna mayoría en el Congreso).
Volviendo al informe, lo que sigue es casi obvio: “Si el gobierno de Milei se encuentra sin suficientes divisas para hacer los pagos de su deuda y sostener sus objetivos de política cambiaria, probablemente enfrentará decisiones políticas difíciles, como por ejemplo dejar de pagar su deuda por décima vez o permitir más flexibilidad en el valor del peso”, dice el informe.
La conclusión no debería entonces sorprendernos: “Hacia adelante, las dudas sobre las políticas de estabilización cambiaria de la administración Milei y la capacidad de cumplir con un creciente esquema de pagos de deuda, persiste”. En castellano, no se puede descartar que el país se vea forzado a devaluar el peso o caiga en un nuevo default.
El pasado nos condena
De acuerdo con cómo los contabilicemos -cómo los definamos- Venezuela y Ecuador suman 10 defaults cada uno, mientras Brasil, Chile y Uruguay logran 9 cada uno. España acumula 14 suspensiones del pago de su deuda (solo una pos siglo XIX) y Francia, 11 (3 en tiempos modernos).
Sin embargo, ninguno de estos países logró el título de “defaulteador serial” que alcanzó la Argentina, con apenas 9 procesos (los de 1956 y 2014 incluso podrían catalogarse de “defaults técnicos”). Esto tiene que ver con la memoria reciente de los mercados y la prensa y que en los últimos 44 años Argentina incumplió con el pago de su deuda externa 5 veces, más que cualquier otro país.
Es decir, una vez cada 11 años y medio o cada 24 años si nos vamos a 1810. El periodo mas largo sin defaultear fueron los 61 años entre 1951 y 1890 (en tiempos modernos los 26 entre 1982 y 1956) y el más corto los 5 entre 1956 y 1951 (en tiempos modernos los 6 entre 2020 y 2014.
Que la Argentina anote este año o el próximo su décimo default, entonces no resultaría tan absurdo para los historiadores.
El plan está desnudo
Pero el punto de esta nota no son los cuestionamientos del CRS ni la posibilidad de que enfrentemos una devaluación significativa del peso y/o un nuevo default, sino hasta qué punto la visión de Rodríguez, sobre que, si tenemos un default, esto dispararía el pánico sobreviniendo una gran devaluación del peso, es factible.
Como alguien bien postuló en la Red del pajarito, un default y una devaluación no son más que dos caras de una misma moneda. Mientras el default tiende a ser usualmente un defalco externo afectando de manera directa a un grupo en particular (los tenedores de bonos, básicamente extranjeros), la devaluación nos afectaría a todos los argentinos al ser un desfalco interno.
Dependiendo de la magnitud de la crisis y el sesgo político de las autoridades y a quién quiera perjudicar menos (siempre son más los que pierden que los que ganan con un default o una devaluación), es que sufriremos una, otra o ambas.
Default y devaluación, no son lo mismo
Por más que default y devaluación sean dos caras de una misma moneda (la incapacidad y corrupción de los gobernantes de turno), no son lo mismo. La idea que una desencadene la otra, no es entonces un truismo; puede que se dé, puede que no.
Tal vez Rodríguez tenga razón y en el caso actual, si sobreviene alguna forma de incumplimiento en los pagos -o fuertes rumores de ello- esto generaría un enorme pánico forzando la consiguiente devaluación del peso. No hace falta aclarar que es lo que vivimos antes de que el Tesoro de EEUU saliera a principios de octubre en auxilio del Gobierno, a días de las elecciones de medio término.

Carlos Rodriguez fue el único economista que llamó la atención sobre las implicancias del informe del C.R.S.
El problema con esta visión es que nuestra historia de incumplimientos no parece ir en este sentido. El problema más grande es que, para este análisis, nueve defaults sobre los cuales tenemos información confiable en apenas siete, no es un número suficiente como para sacar ninguna conclusión que sea más que anecdótica (conscientes de esto, hicimos la batería de test usuales, Anova con Kruskal-Wallis, Dunn y Conover, y no encontramos ninguna anormalidad).
La evidencia apunta a que los meses en que se anunciaron los defaults no hemos tenido movimientos anormales del dólar (utilizamos la media dada la baja cantidad de eventos), e incluso podríamos decir que al mes siguiente y a tres meses -de manera muy marginal- las presiones sobre el billete tendieron a disminuir. La aceleración que vemos entre los seis meses previos al evento y los seis posteriores, no es significativa (Mann-Whitney U ex-hiper, p=0.14).

La evidencia histórica es que en el corto plazo los defaults no fueron seguidos por una aceleración de la caída el peso frente al dólar.
Pero esto es en términos nominales. Cuando tomamos las variaciones deflactadas del dólar (en términos reales) pareciera ser que más allá de la aparente desaceleración en el mes y el posterior al evento, en los tres y seis meses posteriores el dólar tiende a subir más que lo que lo hizo en los tres y seis meses previos, pero nuevamente esto no es más que un espejismo visual (Mann-Whitney U, p=0.58 y p=0.91).
Así que la evidencia histórica/anecdótica es que en general las grandes devaluaciones no acompañan a los defaults, es decir la moneda sigue con dos caras.

En valores constantes, no se encuentra una diferencia significativa del comportamiento del dólar en torno a los procesos de default.
Yendo un paso más allá, sinceramente no sabemos si el Gobierno se verá obligado a devaluar (significativamente el peso) o caerá en un nuevo default, como advierte el CRS que podría ocurrir. Tampoco si Carlos Rodríguez tiene o no razón con su advertencia sobre lo que no podríamos definir de otra manera que no sea “un crack”, de ocurrir algo de esto (en realidad poco importa si la tiene o no, siempre es bueno escuchar a los que tienen más experiencia y saben).
Esto es futuro, y como tal incierto. Dicen que el miedo genera furias y el terror paraliza. Lo que nos preocupa es presente, un presente donde los integrantes del Gobierno, los medios y la “inteligencia local”, siempre tan locuaces con cualquier información sobre la Argentina que provenga del Norte, han optado por ni mencionar el informe del CRS.
Fuente: Ambito - Enero 2026

