El bloqueo a Cuba es un castigo colectivo
El nuevo bloqueo petrolero torna evidente lo que la diplomacia estadounidense siempre ha negado: que la guerra económica contra Cuba tiene como objetivo a la población civil en nombre del «cambio de régimen».
n 1960, Lester Mallory, entonces subsecretario adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos, expuso los argumentos para declarar la guerra económica a Cuba. El gobierno de Estados Unidos, escribió, debía negar «dinero y suministros a Cuba, para reducir los salarios monetarios y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».
Mallory también escribió que Estados Unidos debía ser «lo más hábil y discreto posible» a la hora de aplicar esta política. Si el objetivo final era desesperar al pueblo cubano hasta el punto de que se levantara contra su propio gobierno, lo prudente era ocultar la verdadera causa de su sufrimiento. Se culparía al gobierno cubano, y no a Estados Unidos, de los problemas económicos del país.
Esta es la narrativa que durante décadas han vendido los políticos de línea dura en Washington y Miami, y que los principales medios de comunicación han comprado: «Las sanciones no perjudican a los cubanos de a pie. Solo perjudican al “régimen”», dicen, y añaden que «la escasez se debe únicamente a la mala gestión económica del gobierno cubano, no a la política estadounidense». De manera aún más descarada, afirman que «Estados Unidos no está librando una guerra económica ni imponiendo un “bloqueo”. Cuba simplemente está sujeta a un embargo comercial».
Tras el reciente anuncio de Trump de un bloqueo petrolero de facto a la isla mediante un decreto ejecutivo, los políticos y funcionarios estadounidenses han prescindido de los eufemismos y han abandonado la ficción de que su política no pretende perjudicar a la gente común. «Es devastador pensar en el hambre de una madre, en un niño que necesita ayuda inmediata», escribió la representante cubanoamericana de línea dura María Elvira Salazar (R-FL) en X. «Nadie es indiferente a ese dolor. Pero ese es precisamente el brutal dilema al que nos enfrentamos como exiliados: aliviar el sufrimiento a corto plazo o liberar a Cuba para siempre».
En La Habana, Mike Hammer, encargado de negocios de Estados Unidos en Cuba, según se informa, dijo a los diplomáticos: «Los cubanos se han quejado durante años del “bloqueo” (…) Ahora va a haber un bloqueo real». Por su parte, el secretario de Estado Marco Rubio está pidiendo abiertamente un «cambio de régimen».
El embargo estadounidense siempre ha sido un castigo colectivo para la población cubana. Solo que ahora ya no es un secreto a voces.
Castigo colectivo
Hay que reconocer que algunos demócratas por fin están llamando a las cosas por su nombre. «Esta orden ejecutiva matará a innumerables cubanos inocentes», escribió la diputada Rashida Tlaib en X. «Cuba no supone ninguna amenaza para Estados Unidos. Esto es pura crueldad». «El objetivo es aplastar al pueblo cubano, fabricar una catástrofe humanitaria y forzar un cambio de régimen a cualquier precio», escribió la diputada Ilhan Omar. «Es inconcebible y cruel». El representante Chuy García dijo que el bloqueo «mata de hambre deliberadamente a la población civil» y que «el último ataque económico de Trump contra la isla está diseñado para provocar un colapso humanitario, profundizando nuestro castigo colectivo al pueblo cubano y forzando más migración».
En el derecho internacional, el «castigo colectivo» tiene un significado específico: imponer sanciones a toda la población civil por las acciones de sus líderes, una práctica explícitamente prohibida por el Cuarto Convenio de Ginebra. «Cabe esperar que las sanciones se limiten a los funcionarios. No se supone que se apliquen de manera indiscriminada a toda la población, como ocurre en realidad», afirmó Pierre-Emmanuel Dupont, experto en derecho sancionador y asesor jurídico oficial del relator especial sobre sanciones de las Naciones Unidas. «[Las sanciones] constituyen un castigo colectivo en la medida en que afectan a todos y cada uno de los ciudadanos cubanos, independientemente de su relación con el Gobierno o el régimen».
Dupont también señaló que «la gran mayoría de la comunidad internacional considera que la guerra económica, las sanciones [y] los bloqueos de facto son ilegales según el derecho internacional si no son adoptados por el [Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas]». El Consejo de Seguridad de la ONU nunca ha autorizado el bloqueo contra Cuba.
El petróleo como arma
El bloqueo petrolero no es nuevo. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba afirmó en un comunicado que la orden ejecutiva de Trump demuestra que Estados Unidos está utilizando «chantajes, amenazas y coacciones directas a terceros países (…) para imponer una presión adicional a las medidas de asfixia económica que han estado vigentes desde el primer mandato de Trump».
Como documentamos en nuestro programa The War on Cuba, Trump comenzó a cortar los envíos de petróleo a la isla en 2019, dos años después de anunciar que revertiría la histórica distensión negociada por Raúl Castro y Barack Obama. El bloqueo petrolero formaba parte de una estrategia de «máxima presión» que expulsó a las empresas extranjeras, arruinó la economía, empobreció a la población y empujó a más de un millón de cubanos a abandonar el país.
Biden mantuvo la guerra económica de Trump. Durante la campaña electoral de 2020, prometió «revertir las políticas fallidas de Trump que causaron daño a los cubanos y sus familias». Pero una vez en el cargo, básicamente entregó la política hacia Cuba a Bob Menéndez —ahora en prisión por corrupción— y complació a los aliados de Menéndez en Miami con la esperanza de que eso le ayudara a ganar Florida en las elecciones de 2024 (los demócratas terminaron siendo derrotados).
A medida que se intensificaban las sanciones de Trump y Biden y se agravaba la crisis económica de Cuba, los apagones se hicieron cada vez más frecuentes, lo que contribuyó en parte a las protestas que estallaron en toda la isla el 11 de julio de 2021. «Los apagones duraban entre cuatro y cinco horas», contó a Belly of the Beast en 2021 un joven cubano en San Antonio de los Baños, una pequeña ciudad no muy lejos de La Habana donde estallaron las primeras manifestaciones. «Por eso las protestas se produjeron aquí».
Desde que la administración Trump secuestró a Nicolás Maduro y cortó los envíos de petróleo desde Venezuela, los apagones en Cuba han empeorado considerablemente. Los cortes de electricidad en La Habana duran más de doce horas al día y mucho más en el resto del país.
Primero China. ¿Ahora Rusia?
Trump justificó la reciente orden ejecutiva, que amenazaba con imponer aranceles a cualquier país que vendiera petróleo a Cuba, como una «emergencia nacional» porque «Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria».
Para llegar a la descabellada conclusión de que una pequeña isla que apenas puede mantener las luces encendidas representa una amenaza para el país más poderoso del mundo, la orden teje un impresionante tapiz de falsedades. Se alega que Cuba alberga «la mayor instalación de inteligencia de señales en el extranjero de Rusia» y apoya a «grupos terroristas transnacionales» como Hamás y Hezbolá.
Ninguna de estas acusaciones está respaldada por pruebas. En cuanto a la base de espionaje rusa, Hal Klepak, profesor emérito de Historia y Estrategia del Real Colegio Militar de Canadá, afirmó: «No creo que haya pruebas de su existencia, y por eso no presentan ninguna, porque no las hay. Si las hubiera, darían una ubicación… No han nombrado ningún lugar. No han nombrado a ninguna persona».
La acusación surge de la nada. Durante años, el argumento de los partidarios de la línea dura como Rubio era que China, y no Rusia, tenía bases de espionaje en Cuba. No hay pruebas creíbles que respalden ninguna de las dos afirmaciones (Belly of the Beast ha desmentido la desinformación sobre las «bases de espionaje chinas»). «Cuba no alberga ninguna base militar o de inteligencia extranjera y rechaza que se la caracterice como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos», según un comunicado emitido el domingo por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. «Tampoco ha apoyado ninguna actividad hostil contra ese país, ni permitirá que su territorio sea utilizado contra ninguna otra nación».
La orden ejecutiva de Trump afirma que Cuba representa una amenaza para Estados Unidos porque «se alinea con» y «apoya» a Rusia y China. «Es cierto que Cuba depende cada vez más del comercio con Rusia y China, pero la razón no es ideológica ni siquiera antiamericana», declaró a Belly of the Beast Fulton Armstrong, exanalista de la CIA que también fue el máximo responsable de inteligencia del país para América Latina:
Es que, a medida que Estados Unidos ha ido aumentando constantemente las tácticas de «máxima presión» de su embargo de más de sesenta años, Cuba ha tenido que buscar alternativas. Como demostró claramente La Habana después de que Obama restableciera las relaciones diplomáticas, prefiere comerciar e interactuar con Estados Unidos.
Cuba financia médicos, no terrorismo
Desde la década de 1990, la «posición consensuada» de la comunidad de inteligencia estadounidense ha sido que Cuba no patrocina el terrorismo. «La orden ejecutiva repite las acusaciones infundadas que la Administración Trump utilizó en 2021 para incluir a Cuba en la lista del Departamento de Estado de «países patrocinadores del terrorismo», acusaciones que no tenían fundamento entonces y tampoco lo tienen ahora», afirma Armstrong. «Durante décadas, la comunidad de inteligencia estadounidense ha evaluado repetidamente que Cuba no acoge a terroristas ni les proporciona ningún tipo de apoyo».
No hay pruebas de que Hezbolá y Hamás operen en Cuba. Hay cientos de palestinos en Cuba, que se encuentran en la isla con becas completas para formarse como médicos, junto con estudiantes de medicina de más de cien países en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).
Preguntamos a algunos de ellos qué opinaban de las afirmaciones de Trump. «Es una mentira», dijo Jenen Hani Alean Alzwaraa, un estudiante de medicina palestino de la ELAM. «Aquí en Cuba no hay Hezbolá ni Hamás… Todos vinimos aquí para vivir en paz. Nadie está aquí por motivos políticos. No queremos problemas. Solo queremos vivir como todo el mundo». «Alguien que no solo justifica, sino que también niega el genocidio [de Gaza] que se ha cometido… No se puede confiar en alguien así», dijo Ihab Masri, otro estudiante de medicina palestino.
La «emergencia nacional» anunciada por Trump también se justificó por la preocupación por los derechos humanos en Cuba. Resulta difícil creer que la administración Trump, que no mencionó ni una sola vez los «derechos humanos» en su Estrategia de Seguridad Nacional, esté preocupada por las violaciones de derechos en Cuba. No se ha expresado una preocupación similar por los aliados de Estados Unidos con historiales de derechos humanos mucho peores: Israel, Arabia Saudita, Egipto, El Salvador, Filipinas… y la lista continúa.
¿Acuerdo en marcha?
Recientemente preguntamos a cubanos en La Habana sobre la orden ejecutiva y cómo es la vida cuando el combustible, la electricidad y el transporte comienzan a desaparecer.
«Estados Unidos dice que es por el bien de los cubanos, porque quieren “ayudar” a los cubanos. No es por el bien de los cubanos; es lo que está perjudicando a todos los cubanos», dijo una mujer a la que entrevistamos. «Tengo sesenta y un años y, desde que tengo memoria, he sentido el bloqueo, el bloqueo, el bloqueo. ¿Cuándo terminará este bloqueo?».
Cerca de allí, decenas de taxis estaban parados cerca de una gasolinera. «En promedio, hemos estado esperando entre veinticuatro y setenta y dos horas» para conseguir gasolina, nos dijo un taxista. «Estamos aquí esperando para poder conseguir gasolina y así poder cumplir con nuestras obligaciones sociales, que incluyen llevar a personas a diálisis, trabajar con la funeraria y con escuelas que no cuentan con apoyo de los padres», dijo otro taxista.
Una vez que Trump detuvo todos los envíos de petróleo venezolano a la isla, advirtió a Cuba que más le valía llegar a un acuerdo con Estados Unidos «antes de que fuera demasiado tarde». Luego de firmar la orden ejecutiva, agregó durante el fin de semana: «Estamos empezando a hablar con Cuba».
El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, declaró a Reuters el lunes que Cuba está «dispuesta a mantener un diálogo serio, significativo y responsable». «Hemos intercambiado mensajes, tenemos embajadas, hemos mantenido comunicaciones, pero no podemos decir que hayamos tenido una mesa de diálogo», añadió Cossío.
Trump también ha dicho que México, uno de los últimos salvavidas petroleros de Cuba, ya no enviará combustible a la isla. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó el domingo pasado que «la ayuda humanitaria a Cuba» continuará «en forma de alimentos y otros productos mientras resolvemos diplomáticamente todo lo relacionado con el envío de petróleo por razones humanitarias». La semana anterior, Sheinbaum había denunciado la orden ejecutiva de Trump, advirtiendo que imponer aranceles adicionales a los países que envían petróleo a Cuba podría desencadenar una «crisis humanitaria» a gran escala en la isla.
La guerra contra los médicos
Estados Unidos no solo está bloqueando el acceso de Cuba al petróleo, sino que también está tratando de impedir la entrada de divisas en la isla presionando a los países del Caribe para que dejen de contratar a profesionales médicos cubanos.
Antigua ha tomado medidas para contratar a más de cien enfermeras de Ghana, probablemente para sustituir a los trabajadores sanitarios cubanos. El primer ministro de Santa Lucía, Philip J. Pierre, anunció la semana pasada que, debido a la presión de Estados Unidos, Santa Lucía dejará de enviar estudiantes de medicina a Cuba. «Tengo un gran problema. Muchos de nuestros médicos se formaron en Cuba y ahora Estados Unidos ha dicho que ya no podemos hacerlo», afirmó Pierre. La pequeña isla caribeña ha dependido en gran medida de Cuba para la formación médica. Los profesionales médicos cubanos han trabajado en Santa Lucía, apoyando su sistema de salud, durante décadas.
Santa Lucía es la última víctima de la larga campaña del gobierno estadounidense para coaccionar a los países a que dejen de recibir asistencia médica cubana con el pretexto de la preocupación por los derechos humanos, alegando que los médicos cubanos son víctimas de «trabajos forzados».
Las exhaustivas investigaciones y entrevistas con los propios médicos cuentan una historia diferente. Aunque el Estado cubano se queda con más de la mitad de los pagos por las misiones en muchos casos, los médicos y enfermeros cubanos se ofrecen como voluntarios para trabajar en el extranjero y cobran mucho más que sus modestos salarios en la isla.
Los equipos médicos cubanos suelen estar destinados en barrios urbanos de clase trabajadora y en zonas rurales remotas donde viven los más pobres entre los pobres. Los equipos también han sido enviados en respuesta a emergencias sanitarias internacionales, como el ébola en África y el COVID-19 en Italia, así como a desastres naturales, como los terremotos en Pakistán y Haití.
En La Habana, la cuestión no es geopolítica. Se trata de la gasolina para el taxi que lleva a los pacientes a diálisis, la electricidad para el refrigerador, los medicamentos para un niño. Durante décadas, los funcionarios estadounidenses insistieron en que esas dificultades eran incidentales. Ahora, algunos las califican abiertamente de necesarias. Se ha caído la máscara. Cómo influirá esta postura de hostilidad, ahora reconocida abiertamente, en la opinión pública, la política y las políticas, tanto en la isla como en Estados Unidos, es una incógnita.
Fuente: Jacobinlat - Febrero 2026

