Malvinas: tras la pista de los dueños del mar

El gran negocio en Malvinas no es el petróleo, es la pesca. Los isleños viven de las licencias que pagan empresas de distintos países para pescar en una de las zonas del mundo más ricas en calamar. Algunos lo hacen violando la ley, porque operan en las islas, Europa y el continente argentino. Entre ellos hay financistas de la Libertad Avanza. Esta primera parte de la profunda radiografía del sector pone nombres y establece vínculos hasta aquí desconocidos.

Malvinas, más lejos que nunca

El giro discursivo de Javier Milei alrededor de Malvinas entraña un cambio peligroso: un reclamo por la soberanía de las islas emparejado con la expansión de estructuras de seguridad diseñadas en Washington. En la cadena nacional del presidente reapareció un lenguaje político que vuelve a acercar conceptos que la experiencia democrática había procurado diferenciar. Así, corremos el riesgo de que la causa deje de pertenecer a la sociedad para transformarse en patrimonio de los gobiernos.

Volver a Malvinas

El pasado 11 de febrero con mi mujer, cumplimos un viejo anhelo: visitar nuestras Islas Malvinas. No fue al estilo de Dardo Cabo y los muchachos del Comando Cóndor en un avión secuestrado; ni tampoco en un lanchón de desembarco militar, fue en un barco de turismo que tiene como escala Malvinas. Nos habíamos propuesto visitar el cementerio argentino y dejar allí una pequeña ofrenda, un rosario bendecido por Francisco y cartas de nuestros nietos.

A 50 años del Alegato Ruda

Se cumplieron 50 años desde que Argentina expusiera por primera vez ante las Naciones Unidas los fundamentos de sus derechos soberanos sobre las islas Malvinas. Como ya lo había hecho el canciller Juan Atilio Bramuglia en 1948 frente a los países de América, el 9 de septiembre de 1964 el embajador argentino José María Ruda pronunció un vibrante alegato ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU en el que expuso los hechos históricos y jurídicos que dan razón al reclamo argentino. Sus argumentos probaron ante el mundo que la posición británica constituye un anacronismo propio de los grandes imperios coloniales, que se afirma solamente en la fuerza.