Notas sobre Donald Trump y los aranceles aduaneros: ¿una historia de estafas o los desafíos del declive hegemónico en un mundo en transformación?
Desde la asunción del nuevo gobierno republicano conducido por el magnate Donald Trump, un argumento se repite constantemente: la principal economía mundial fue estafada durante años por numerosos socios comerciales que aplicaron ´barreras arancelarias y no arancelarias´ a los bienes ´Made in USA´, mientras se beneficiaban de un acceso prácticamente irrestricto al mercado estadounidense. A fin de remediar esta situación, las autoridades actuales de la Casa Blanca decidieron incrementar unilateralmente los aranceles aduaneros, con periódicas idas y vueltas, para alcanzar un ´trato recíproco´.
Esta línea argumental podría ser una versión moderna y algo más sofisticada del mítico ´caballo de Troya´, pero en este caso no revestido de madera sino de ingeniosos artificios comerciales. Sin embargo, el repaso de un conjunto de antecedentes históricos aconseja dejar atrás tales aseveraciones propias de la mitología griega. Como veremos, nadie ha sido estafado. Aquel caballo —el sistema multilateral de comercio (SMC) y los compromisos arancelarios asumidos en dicho marco— fue tallado pacientemente por quienes hoy alzan su voz clamando justicia.
Asimismo, y más allá del carácter estrafalario de las explicaciones ofrecidas para justificar una política que incrementó decididamente la volatilidad global y enciende alarmas en la propia economía estadounidense, el cambio de postura de Estados Unidos —de la liberalización hacia un estilo de proteccionismo con claras reminiscencias mercantilistas— tampoco debería causar sorpresa. El planeta se transformó de un modo vertiginoso en las últimas décadas, y aquello que supo ser conveniente a los ojos del coloso norteamericano en un tiempo en el cual detentaba un liderazgo productivo y tecnológico indiscutido, dejó de serlo en nuestros días.
Los aranceles aduaneros no cayeron del cielo
La utilización de los aranceles como ´restricción en frontera´ constituyó una práctica habitual en el comercio internacional por siglos. El cambio en las alícuotas a pagar —mayormente, en función de los países de origen de las mercancías— era tan recurrente como los conflictos que originaba ese accionar. Conscientes de esta realidad histórica y resueltos a dejar atrás las turbulencias del periodo de entreguerras y edificar un orden internacional estable en las postrimerías de la segunda guerra mundial, los líderes estadounidenses buscaron garantizar el libre flujo de mercancías en el occidente capitalista junto a otros países aliados. Esta vocación se cristalizó en un acuerdo multilateral, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que entró en vigor en 1947, ocasión en la cual los niveles arancelarios fueron ´consolidados´.
La consolidación arancelaria consiste en el compromiso jurídico de no modificar los aranceles por encima de un valor determinado. Esto, además de otorgar previsibilidad a los operadores comerciales al limitar el margen de arbitrariedad de los gobiernos a la hora de fijar los aranceles, también tenía como propósito dejar un espacio de maniobra para que cada administración pudiera adecuarlos a sus necesidades de política económica, siempre dentro de un rango determinado —en la jerga, el arancel efectivamente utilizado se denomina ´tipo aplicado´—. Como herramienta de política comercial externa, los aranceles tenían sus propias virtudes: eran sencillos de comprender y aplicar, otorgaban previsibilidad en el trato, y fijaban un punto de partida claro y simple a partir del cual entablar futuras negociaciones.
Entre 1947 y 1995, año en el cual se sustituyó al GATT ante el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC), se produjeron ocho rondas de negociaciones comerciales, muchas de las cuales se focalizaron específicamente en la reducción de aranceles o incluyeron este asunto entre las disciplinas abordadas (Padín, 2019). Los resultados de estas rondas, disponibles a un click en la página oficial de la OMC, se reflejan en las llamadas ´Listas de concesiones´ nacionales. Estas contemplan un detalle central: lo comprometido debe otorgarse bajo el régimen denominado ´Nación Más Favorecida´ (NMF). ¿Qué implica ello? Que las mejores condiciones concedidas a cualquier parte contratante han de concederse automática e incondicionalmente a todas las demás. El principio no discriminatorio aludido, cabe destacar, constituye una piedra angular del SMC.
En este marco, es preciso recalcar otro aspecto nodal: a pesar de la proliferación de acuerdos comerciales preferenciales y otras medidas que tienden a ofrecer un marco de mayor liberalización, más de cuatro quintas partes del comercio internacional de mercancías se realiza con arreglo al principio NMF del sistema multilateral (Gonciarz y Verbeet, 2025). El alcance del sistema torna aún más comprensible ese dato: la OMC, como institución que fija las reglas que regulan el comercio internacional, tiene 166 Miembros que dan cuenta del 98 por ciento de los intercambios globales.
En resumidas cuentas, los aranceles aplicados por la inmensa mayoría de los países del mundo no fueron producto de un ardid ni cayeron del cielo: son el resultado de décadas de negociaciones que, no casualmente, encontraron como fuerza impulsora a Estados Unidos. No hace falta aclarar que la imposición unilateral de éstos por parte de la principal potencia mundial hace crujir los principios sobre los que reposa el SMC y convierte en letra muerta a los compromisos acordados durante años; aunque es justo recordar que la crisis del sistema obedece a múltiples factores y excede a las iniciativas de Donald Trump (Bertoni, 2018).
De todas formas, antes de abordar estas particularidades y con el objeto de dimensionar la actual respuesta estadounidense, es útil repasar de manera estilizada el panorama arancelario presente tomando como referencia a las principales potencias comerciales del mundo.
Cuadro 1. Perfil arancelario de los principales 10 países/territorios importadores
Fuente: Elaboración propia en base al documento “OMC: Perfiles Arancelarios en el mundo 2024”.
Tal como es posible advertir en el Cuadro 1, la elite comercial mundial (que explica dos tercios de las importaciones de bienes a nivel global) consolidó la totalidad de las posiciones arancelarias —con excepciones, como India y Hong Kong—, lo cual es indicativo de la intensidad de los compromisos asumidos, aunque al interior de cada lista nacional hay situaciones que reclaman cautela. En todos los casos, exceptuando a India y Corea, los aranceles en vigor son bajos —no alcanzan los dos dígitos de acuerdo al promedio ponderado correspondiente al año 2022—, y una porción muy relevante de las importaciones de bienes efectuada por cada país está exenta, con la manifiesta salvedad de India.
Aun así, y como se puede observar en la columna denominada ´Arancel Máximo´, la mayoría de los Miembros referidos consolidó los aranceles de un puñado de posiciones arancelarias en un nivel extremadamente elevado a efectos de contar con algún margen para defender a ´sectores sensibles´, como sucede en ciertos productos del sector agroalimentario en el caso de la Unión Europea. Finalmente, desde la óptica exportadora también surge otro elemento de interés: el promedio ponderado de aranceles aplicados en los cinco principales mercados de exportación de cada una de estas potencias comerciales no resulta especialmente prohibitivo.
En síntesis, podemos concluir que existen amplios compromisos arancelarios a nivel global y los principales actores suelen intercambiar buena parte de las mercancías que producen sin enfrentar aranceles o sin que éstos constituyan una barrera infranqueable. No obstante, las tensiones están a la orden del día y el SMC experimenta una crisis terminal. Señalar las causas subyacentes de estos fenómenos nos ofrecerá una nueva perspectiva para repensar los sucesos en el plano comercial ante este complejo presente.
Pasaron cosas
En las últimas décadas atestiguamos un proceso de reequilibrio de poder global, una transición histórico-espacial que alumbra un mundo multipolar (con rasgos bipolares) en un contexto de incertidumbre ante la falta de claridad sobre la fisionomía que adoptará un nuevo orden internacional (Merino y otros, 2024). Sin dudas, entre el escenario posterior a la segunda guerra mundial donde Estados Unidos emergió como hegemón —y principal líder tecnológico y productivo— y la realidad actual, pasaron (demasiadas) cosas.
Entre ellas, nos interesa detenernos en un fenómeno particular: el proceso de globalización neoliberal que se inicia en los años 1970, el cual dio paso a un mundo más abierto e integrado e incluyó entre sus novedades el despliegue de las cadenas globales de valor (CGV). Esta transformación, que hace referencia a una verdadera reconfiguración productiva planetaria donde las principales corporaciones multinacionales internacionalizaron y segmentaron sus procesos productivos, debe ser interpretada a la luz de un contexto histórico que incluyó, entre otros factores, la caída de la Unión Soviética, el giro de China hacia un capitalismo de estado con una peculiar estrategia de apertura, la liberalización de la economía india en los años 1990, el debilitamiento de las organizaciones sindicales y los partidos populares y la reorientación de las estrategias de desarrollo de muchos países periféricos (Porta y otros, 2017).
No debemos olvidar, adicionalmente, que las CGV tuvieron lugar en un mundo en el cual cayeron sensiblemente los costos en transporte y comunicaciones y se evidenció una extraordinaria revolución en las tecnologías de la información. Todos estos cambios fueron acompañados, además, por una metamorfosis sustancial de los tipos de estados que, en términos generales y con excepciones, limitaron o abandonaron su perfil desarrollista/benefactor para concentrarse en impulsar políticas de liberalización comercial y financiera junto a medidas de ´protección y atracción a las inversiones extranjeras´ acordes a las necesidades de esa nueva modalidad productiva (o, más precisamente, de sus beneficiarios).
En ese marco general, que perdura hasta nuestros días, se registró un crecimiento exponencial de los intercambios comerciales. Por caso, entre 1995 y 2023 el total del comercio mundial (mercancías y servicios comerciales) se multiplicó por cinco, mientras en 2024 alcanzó su mayor valor histórico (33 billones de dólares). Parte sustancial de ese incremento se produjo dentro de las CGV. Por cierto, el aumento de los flujos de capital también se aceleró, al tiempo que florecieron las denominadas ´guaridas fiscales´, un resguardo a medida de los intereses de los grandes capitales y pilar sustancial de la conformación de una nueva arquitectura financiera donde la elusión y evasión fiscal de las grandes empresas transnacionales se convirtió en un rasgo estructural.
El cuadro general reconoce, de todos modos, otras novedades. Se destaca aquí, sustancialmente, el inigualable desempeño de China. Después de décadas de un crecimiento extraordinario con fuerte planificación estatal, hoy se erige como la segunda economía planetaria en dólares corrientes, se constituyó en la ´fábrica del mundo´, ocupa el primer lugar como exportador de bienes y el segundo como importador, es un inversor global de primer orden y actúa en diferentes países como prestamista principal. Con una población que supera los 1.400 millones de habitantes y un relevante superávit comercial (992 mil millones de dólares en 2023), el país asiático se encuentra en el centro de la economía mundial y en plena disputa tecnológica con otras potencias.
El éxito, de todas formas, no fue únicamente chino. Una porción del mundo emergente (especialmente, la región asiática) también hizo su parte y coadyuvó a alterar el escenario global. Los datos no dejan lugar a dudas: entre 2000 y 2019, las economías emergentes y en desarrollo crecieron a una tasa promedio anual del 5 por ciento, mientras los países desarrollados registraron un crecimiento promedio del 2 por ciento. En igual sentido, se produjo un cambio fundamental en lo que respecta al valor agregado industrial. De acuerdo a la ONUDI (2024), mientras en los años 1990 América del Norte y Europa tenían participación en el valor agregado manufacturero mundial superior al 60 por ciento, Asia y Oceanía explicaban menos del 30 por ciento. Empero, en los últimos treinta años, la producción global se alejó gradualmente de las economías industriales tradicionales, dejando a América del Norte y Europa con una participación de solo 36,2 por ciento en 2023, mientras que la contribución de Asia y Oceanía aumentó al 56,7 por ciento (explicando la República Popular China 31,8 puntos porcentuales de esa participación).
Como contracara, ciertos fenómenos pasaron a formar parte del paisaje cotidiano en los países desarrollados: el estancamiento y/o el bajo crecimiento, el deterioro del mercado laboral, la concentración del ingreso en los estamentos más privilegiados o el desplazamiento de sus bienes en terceros mercados ante la competencia de firmas asiáticas. La discusión sobre las causas del malestar y el papel de la globalización y las CGV no tardaría en cobrar estado público. En el caso estadounidense, la crítica de los republicanos no podría ser más contundente. En palabras del actual Vicepresidente, James David Vance, el problema es nítido: “La idea de la globalización era que los países ricos ascenderían en la cadena de valor mientras los países pobres fabricaban las cosas más sencillas. (…) Pero creo que nos equivocamos. Supusimos que otras naciones siempre estarían por detrás en la cadena de valor. Pero resulta que a medida que mejoraban en la producción también comenzaban a saber diseñar. Nos apretaron desde ambos extremos.”
La respuesta de Donald Trump
En este complejo escenario, la política anunciada por Trump de aplicar ´aranceles recíprocos´ es indicativa de varias cuestiones. Entre otras, que el cambio en la economía internacional en las últimas décadas torna insostenibles los compromisos comerciales asumidos por Estados Unidos a lo largo de los años, dado los altos costos que en la actualidad le genera el orden que supieron impulsar en altri tempi, habiendo perdido el sitial indisputado como potencia económica, productiva y tecnológica dominante.
La “reacción arancelaria” exuda más debilidad que poder. Se trata de un reconocimiento fáctico de la pérdida relativa de competitividad, así como de los costos que tendría mantener el status quo. Por supuesto, la OMC no contempla un mecanismo que permita procesar de otro modo las iniciativas de Donald Trump ya que, aunque es posible implementar acciones que justifiquen un incremento temporal de los derechos aduaneros, todas las opciones reconocen contornos limitados en tanto es preciso cumplir con ciertos extremos que limitan seriamente la discrecionalidad de los países miembros de la Organización. Por otra parte, las formas convencionales de negociación multilateral resultan incompatibles con el apremio y la profundidad de los cambios en el orden global pretendidos por el actual morador de la Casa Blanca.
Romper el sistema multilateral, desconocer otros acuerdos comerciales preferenciales y priorizar un enfoque bilateral es, manifiestamente, un golpe en la mesa de Estados Unidos en un marco de declive donde un conjunto de economías emergentes consolida su posición y reclama otro espacio en la mesa de decisiones global. También constituye, a decir verdad, un giro irónico de la historia. Hace no demasiados años, mientras varios países periféricos solicitaban mayor flexibilidad en la OMC y un acceso a mercados más justo para sus productos, los países desarrollados —ejerciendo con notable prolijidad, sincronización y pleitesía un profundo apego a la metáfora acuñada por el economista coreano Ha-Joon Chang de “patear la escalera” —, se negaban y sostenían que el único sendero para el desarrollo era ´profundizar la liberalización´.
Evidentemente, los cambios fueron profundos. Pero ninguno de ellos permite aseverar que se produjo una estafa a la principal potencia mundial. Antes bien, el impulso a la liberalización en el marco de la globalización neoliberal nos recuerda, como señalaba el intelectual estadounidense Robert Gilpin (1987), que el propio funcionamiento de la economía internacional puede abrir paso a que emerjan economías más eficientes, dinámicas y competitivas, que minan la posición internacional del hegemón y el excedente económico que había financiado los costes de la hegemonía global.
O sea, ni estafa ni abusos. Como recuerda Tussie (2015), “la globalización es un proceso en disputa con surgimiento de nuevos actores y múltiples hegemonías que forcejean por proyectar sus intereses”. En este cuadro, Estados Unidos lucha por reestructurar la economía mundial para evitar (o al menos detener) su actual declive. Y es por ello que quien mejor puede dar cuenta de la naturaleza de la explicación de Donald Trump sobre la imposición de aranceles sea Esquilo —dramaturgo de la Antigua Grecia—, mediante aquella frase que le fue atribuida hace veinticinco siglos: «la verdad es la primera víctima de la guerra».
Bibliografía
Bertoni, R. (2018), El multilateralismo en la encrucijada. Nuevos actores y viejos conflictos. En América Latina: una integración regional fragmentada y sin rumbo. Consuelo Silva Flores, Ariel Noyola Rodríguez y Julián Kan (Coordinadores). CLACSO.
Gilpin, R. (1987), The Political Economy of International Relations, Princeton: Princeton University Press.
Gonciarz, T. y Verbeet, T. (2025), Significance of most-favoured-nation terms in global trade: a comprehensive analysis. Staff Working Paper. Economic Research and Statistics Division. World Trade Organization.
Merino, G., Barrenenjoa, A., Bilmes, J. (2024), China en el (des)orden mundial. La transición histórico-espacial y el ascenso de China desde una perspectiva latinoamericana. Editorial Batalla de Ideas.
ONUDI (2024), International Yearbook of Industrial Statistics. Edition 2024.
Padín, Juan (2019), Los aranceles aduaneros como herramienta de protección comercial. Límites y alternativas para repensar el caso argentino. Ensayos de Economía, 29(54), 115-136. https://doi.org/10.15446/ede.v29n54.75883
Porta, F., Santarcángelo, J., Schteingart, D. (2017), Cadenas globales de valor y desarrollo económico. Revista Economía y Desafíos del Desarrollo, volumen 1, número 1. Universidad Nacional de San Martín.
Tussie, D. (2015). Relaciones Internacionales y Economía Política Internacional: Notas Para El Debate. Relaciones Internacionales, 24(48). Recuperado a partir de https://revistas.unlp.edu.ar/RRII-IRI/article/view/2198