Lo que dejó Río + 20

La adopción de un tímido plan multilateral frente a los problemas ambientales del planeta; el bloqueo parcial a la legitimación del discurso que plantea la “economía verde” como solución a la crisis ambiental; y una agenda convergente renovada de los movimientos sociales, son algunos de los aspectos a destacar de los grandes encuentros mundiales que se desarrollaron en días pasados en Río de Janeiro, bajo el paraguas de Río + 20.

La Declaración política de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (20-22 de junio), titulada El Futuro que Queremos, es, como muchos documentos intergubernamentales de su género, una mezcla contradictoria de afirmaciones, recomendaciones, reconocimientos y algunos compromisos, donde se yuxtaponen enfoques de desarrollo, propuestas empresariales y visiones de nuevos paradigmas.

“Para nuestros países es un triunfo”

El Gobierno sostiene que el texto que firmarán los presidentes mañana es “un éxito” para los países en vías de desarrollo porque fue posible frenar la ofensiva de los ricos. Cristina Kirchner participó en la foto general y luego regresó al país.

Lejos de la visión de las organizaciones ambientalistas, que consideran a la Cumbre Río+20 como un retroceso, en el gobierno argentino evalúan que el resultado final, plasmado en el documento difundido el martes, ha sido “un éxito”. “Si comparamos el documento presentado en un principio por Naciones Unidas con el que salió, para los países en vías de desarrollo es un triunfo”, dijo a Página/12 una de las negociadoras por la Argentina, la subsecretaria de Planificación y Política Ambiental, Silvia Révora, ayer a la tarde, en el pabellón del Riocentro, el salón de convenciones donde se desarrolla la cumbre. Allí, minutos antes, se había inaugurado oficialmente la Conferencia sobre Desarrollo Sustentable, con la presencia de un centenar de jefes de Estado (ver aparte). Cristina Kirchner, que llegó a Río de Janeiro a las 9.50 desde México, estuvo presente para la foto con los mandatarios, pero suspendió su discurso, previsto para las 18, y partió a Buenos Aires, para atender el conflicto generado por el paro de camioneros.

El mundo de nuestros hijos y sus nietos

Los padres quieren que sus hijos tengan una vida mejor de la que ellos mismos tuvieron. Por eso tenemos que contribuir al crecimiento económico y crear puestos de trabajo y seguridad para millones de personas. Por nuestros niños y nietos tenemos que escoger y luchar por un desarrollo ecológicamente sostenible. Eso es lo que tenemos que pensar los máximos líderes mundiales cuando nos reunamos en Río de Janeiro.

Argentina es un país desarrollándose rápidamente y para poder seguir creciendo, Argentina necesita energía. Los recursos fósiles del país no son suficientes para cubrir la demanda, pero esto no es un desafío, es una oportunidad. Argentina es un país rico en recursos como la energía hidráulica, la bioenergía y la energía solar. Muchos de estos recursos todavía no son suficientemente aprovechados y representan una enorme bendición y riqueza para vuestro país.

Este año se cumplen otros 20 años desde que el concepto desarrollo sostenible se convirtiera en lo más importante de que hablar entre los líderes mundiales. Entonces, Gro Harlem Brundtland estuvo en Río de Janeiro y lanzó la nueva forma de pensar en desarrollo y medio ambiente. Los líderes mundiales se reúnen nuevamente en Río este mes. La gran cumbre internacional será una nueva oportunidad para ponernos de acuerdo en cómo podemos crear crecimiento y bienestar al mismo tiempo que preservamos el medio ambiente. Noruega va a luchar para que todos escojan soluciones audaces en Río de Janeiro, para que nuestros hijos tengan un mejor futuro.

Una de cada cinco personas del planeta no tiene electricidad. En la parte rica del mundo, despilfarramos la electricidad y consumimos más de nuestra cuota de energía del planeta. Es obvio que necesitamos una mejor distribución de la riqueza cuando los países prosperan y necesitamos que quienes contaminan más hagan más para reducir las emisiones.

Todos están de acuerdo en que nuestra forma de vida actual no es sostenible. Algo mucho más difícil es encontrar soluciones sobre las que pueda haber un consenso. La ayuda de los países ricos a los pobres constituye un aporte a una distribución más equitativa. Pero la ayuda funciona mejor cuando los países consiguen sus propias soluciones. Los países pobres pueden desarrollar soluciones más respetuosas del medio ambiente que las que teníamos nosotros cuando nos hicimos ricos.

La crisis financiera y las elecciones en muchos países importantes hacen que los políticos y el pueblo se preocupen más por sí mismos y de lo que sucederá el año próximo. La gran cumbre en Río de Janeiro es un recordatorio de que los grandes desafíos requieren capacidad de replantearse las cosas. Los máximos líderes en todo el mundo tienen que cooperar aún mejor. Tenemos que crear la suficiente voluntad política para que la reunión de Río se convierta en el nuevo hito que necesitamos para un desarrollo sostenible. Tenemos que encontrar respuestas que hagan que las soluciones sostenibles sean beneficiosas.

En el peor de los casos, la conferencia de Río será una acumulación de palabras y poca acción. Los pesimistas opinan que la ONU ha demostrado reiteradamente su falta de capacidad para resolver las cuestiones más difíciles del mundo. Pero sólo la ONU consigue juntar a todos los países del mundo en la discusión y en la acción. Por eso, juntos tenemos que utilizar la conferencia de Río para conferir a la ONU mayor capacidad de maniobra y para estacar el camino hacia un crecimiento equitativo verde. Trabajamos para que todos acordemos nuevos objetivos para el desarrollo sostenible, que obligue tanto a países ricos como pobres a actuar en casa. Ya estamos notando las consecuencias de los peligrosos cambios climáticos. Pero las consecuencias más graves se las dejamos a los que vienen después de nosotros. Para nuestros hijos y sus nietos es necesario tomar decisiones audaces en Río y en los años que vienen.

Más diferencias que consensos en Río

Todo indica que la ronda preliminar, que debía terminar hoy, continuará el fin de semana. El centro de la polémica es con qué recursos se financiará la propuesta de impulsar “economías verdes”.

Tras el segundo día de reuniones preliminares de la Conferencia de las Naciones Unidas Río+20, sobre Desarrollo Sostenible, no se logró consenso aún sobre el 75 por ciento del documento final. Uno de los puntos centrales de divergencia es de dónde saldrán los recursos financieros y técnicos para solventar la polémica propuesta de impulsar una “economía verde”. Hubo progresos, pero los desacuerdos siguen siendo grandes, y el reloj empezó su cuenta regresiva con vistas a la cumbre de jefes de Estado que se desarrollará entre el miércoles y el viernes de la semana próxima.

Quienes sí manifestaron acuerdos son las counidades indígenas, participantes de la Cumbre de los Pueblos que se desarrolla en forma paralela en Río de Janeiro. “Que nos dejen vivir en paz”, pidió un cacique de la etnia caiapó. Unos 1600 aborígenes llegaron a esa ciudad para participar de la cumbre alternativa.

La serie de tres días de reuniones preparatorias, que finaliza hoy, todavía no logró consenso sobre varios temas. La principal diferencia se expresa en cuáles son los medios financieros y tecnológicos para impulsar el giro del modelo de desarrollo hacia una “economía verde”, sostuvo el coordinador brasileño, Luiz Figueiredo. “Si las negociaciones no terminan hoy, Brasil, como presidente de la conferencia, asumirá la coordinación y buscará encontrar puntos de convergencia entre las posiciones”, afirmó. Es probable que las negociaciones deban continuar el fin de semana o, inclusive, prolongarse hasta el inicio de la conferencia de jefes de Estado y de gobierno, el próximo 20.

Figueredo dijo que mantiene esperanzas de que el documento esté listo hoy, pero advirtió que eso no será posible sin un acuerdo sobre la financiación y la transferencia de tecnología para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que serán fijados para 2015-2030. “Para cualquier recomendación de acción, es necesario que esté en claro qué medios están a la disposición de los países para implementarlas”, opinó.

El embajador admitió que la crisis que afecta a las economías de los países desarrollados redujo su disposición a financiar la transición hacia la “economía verde”. “Pero no podemos ser rehenes de una retracción generada por la crisis: estamos acá para pensar a largo plazo, y no en una crisis que en un año o dos podrá ser superada”, enfatizó.

Las discrepancias que persisten en torno de un 75 por ciento del documento final de la cumbre también preocupan a la ONU, según afirmó el representante de la secretaría general, Nilchil Seth. “Hay que acelerar las cosas; tenemos sólo un día más y no es hora de debatir nuevas ideas, es hora de cerrar un texto”, dijo. Según el diplomático, tampoco se logra un consenso sobre el marco institucional que será encargado de monitorear el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a través de una “gobernanza” global: persisten divergencias en torno de la propuesta de la Unión Europea, apoyada por países africanos, de convertir el Programa de Naciones Unidas sobre medio Ambiente en una agencia independiente.

También las potencias desarrolladas resisten la propuesta de los países del G-77 más China de crear un fondo de 30.000 millones de dólares anuales por las naciones industrializadas para financiar proyectos de desarrollo sostenible entre 2013 y 2018. Y el principio de “responsabilidad común pero diferenciada” entre países ricos y pobres también genera la resistencia de los industrializados.

“Quieren trasladar su crisis a nuestros países”

Río de Janeiro será el escenario de la disputa entre países centrales y en desarrollo sobre conceptos ambiguos como “economía verde”

La cumbre ambiental Río+20, que en unos días concentrará en la capital carioca a presidentes y funcionarios de casi doscientos países, será escenario de una nueva disputa entre las naciones centrales y el grupo de países emergentes o en vías de de-sarrollo, nucleados en el G-77 más China. Uno de los ejes de la controversia es el concepto de “economías verdes” que, para el gobierno argentino y sus socios de América latina, es una suerte de trampa tendida por las potencias y sus aliados para poner freno a las exportaciones cuando no cumplen con ciertos parámetros “verdes”. El otro foco de conflicto es la posible creación de una agencia internacional, que tendría el poder de policía para hacer cumplir con indicadores y premisas, inspecciones que los países interpretan como la antesala a restricciones comerciales.

Los pueblos del mundo frente a los avances del capitalismo: Rio +20 y más allá

Los gobiernos de todo el mundo se reunirán en Río de Janeiro, Brasil del 20 al 22 de junio de 2012, para supuestamente conmemorar 20 años de la "Cumbre de la Tierra", la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, que estableció por primera vez una agenda global para el "desarrollo sostenible". Durante esa cumbre, en 1992, se adoptaron tres convenios internacionales: el Convenio sobre la Diversidad Biológica, el Convenio de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Convenio de Lucha contra la Desertificación. Cada una de ellos prometía poner en marcha un conjunto de acciones destinadas a proteger el planeta y la vida sobre él, y contribuir a que todos los seres humanos gocemos de una vida digna.

Río+20: entre el capitalismo verde y la defensa de los bienes comunes

Como antesala de la próxima Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, Río de Janeiro se prepara para ser sede, entre el 20 y el 22 de junio, de una nueva Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Pero, ¿qué está en juego en Río+20? ¿cuáles son las propuestas oficiales, las presiones corporativas y las demandas desde la sociedad civil? ¿quiénes son los actores principales, los secundarios y los ocultos? ¿quiénes tienen realmente el poder? Es necesario algo de historia para entender cómo se llega a esta nueva Cumbre de la Tierra.

Estocolmo ’72

La fiebre del crecimiento económico de postguerra, expresada en la intensificación de la industrialización y el extractivismo en la segunda mitad del siglo XX, llevaron a las naciones del norte global a experimentar fenómenos de contaminación transfronteriza que por primera vez concibieron como problemáticas necesarias de ser debatidas y enfrentadas, no de manera particular y aislada, sino como cuestiones globales, en el seno de las Naciones Unidas.

Economía verde al calor de las negociaciones del clima

La Organización de las Naciones Unidas, con su Programa para el Medio Ambiente Pnuma, está proponiendo al mundo desde hace algunos años un nuevo paradigma económico que hoy se conoce como economía verde. Desde 2009, este Programa ha evocado el famoso New Deal de los pasados años 30, promovido por el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt como salida a la crisis mundial de esos años. Si en ese momento ese New Deal buscaba responder a la famosa depresión, hoy el Green Global New Deal (en castellano, Un nuevo acuerdo verde global) pretende atender “la peor crisis financiera y económica que se haya presentado en generaciones”, como lo dice el Pnuma en el documento que anuncia ese nuevo acuerdo (Barbier, 2009).

Río+20: trampa cazabobos

A escasos días para la realización de la Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Río+20), en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, lo primero que salta a la vista es el “síndrome de los hechos cumplidos”. Quienes crean que todavía es posible intervenir en la modificación de los documentos y tesis que serán “discutidos” en su seno, están totalmente equivocados. Ya todo está acordado, el documento final ya fue elaborado y durante la Conferencia, solo se oirán discursos y habrá una aprobación final. Al respecto, preocupa ignorar cual es la posición oficial de Venezuela ante el tema central del evento que consiste en el nuevo concepto de la “economía verde”. En tal sentido solo conozco la valiente “Declaración del Parlamento Latinoamericano Hacia Río+20” que fuera aprobada recientemente y por unanimidad, a solicitud del Grupo Parlamentario Venezolano que preside la Dip. Ana Elisa Osorio.

Ausencia de un relato nuevo en la Río+20

El vacío básico del documento de la ONU para la Río 20 reside en una completa ausencia de un relato o de una cosmología nuevos que pudieran garantizar la esperanza del «futuro que queremos», lema del gran encuentro. Tal como está, niega cualquier futuro prometedor.

Para sus formuladores, el futuro depende de la economía, poco importa el adjetivo que se le agregue: sostenible o verde. Especialmente la economía verde realiza el gran asalto al último reducto de la naturaleza: transformar en mercancía y poner precio a aquello que es común, natural, vital e insustituible para la vida como el agua, los suelos, la fertilidad, las selvas, los genes etcétera. Lo que pertenece a la vida es sagrado y no puede ir al mercado de los negocios. Pero está yendo, bajo este imperativo categórico: aprópiate de todo, haz comercio con todo, especialmente con la naturaleza y con sus bienes y servicios.