Economía solidaria y cuestión regional en Argentina de principios de siglo XXI

Esta edición de un libro en formato digital tiene como principal objetivo dar cuenta de las últimas investigaciones y estudios efectuados por el equipo de Economías Regionales del Centro de Estudios Urbanos y Regionales, unidad ejecutora del CONICET, en el transcurso de los últimos tres años. Los trabajos aquí incluidos fueron realizados por integrantes del equipo referido que funciona en el seno del CEUR7CONICET desde hace ya ocho años, con la coordinación del investigador del CONICET que suscribe este prólogo. La concreción de los capítulos fue posible gracias al subsidio PICT 1928/08 de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Técnica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva para el lapso 2010-2013. El Proyecto aludido lleva la denominación: “Subordinación estructural de los procesos productivos en la periferia regional argentina.

“Estamos lejos de la catástrofe que nos pronosticaban”

El viernes se realizará la audiencia pública para evaluar las observaciones presentadas luego de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner postulara a José Sbattella para un nuevo mandato al frente de la Unidad de Información Financiera (UIF). En diálogo con Página/12, el responsable de la oficina antilavado respondió a los cuestionamientos de la oposición por el papel de la UIF en la investigación del empresario Lázaro Báez y también analizó el caso Papel Prensa, las multas que se les fijaron a los bancos por no reportar operaciones sospechosas y la resistencia a pagarlas, la ley de blanqueo y los avances en la relación con el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). “Estamos lejos de la catástrofe que nos pronosticaban algunos críticos que decían que nos iban a echar del G-20”, afirmó Sbattella.

Hacia una agencia mixta de exportación de granos

En 2013, el 93% de la venta de cereales al exterior fue realizado por una decena de empresas, la mayoría transnacionales. Tienen miles de hectáreas sembradas, centros de acopio, molinos harineros, plantas aceiteras y puertos propios. El Gobierno estima que hay 8.000.000 de toneladas retenidas por estas firmas. Este escenario hace imprescindible retomar caminos ya experimentados en la Argentina para regular el comercio de cereales y oleaginosas. Canadá, Australia y la Unión Europea tienen agencias públicas o mixtas que procuran evitar desigualdades.

“Argentina es el país más democrático de América Latina”

En una charla a fondo, Ferrer realizó un análisis sobre la política económica de Argentina en este contexto de crisis financiera internacional y su papel frente a Latinoamerica.

Destacó la capacidad de transformación que tiene la política en nuestro país y como ejemplo puso el Gobierno actual que “resolvió el tema de la deuda como lo hizo en contra de la posición del mercado financiero internacional y el FMI, nacionalizó las AFJPs, el petróleo, la ley de medio”.

Política, economía y Círculo Rojo

Una vez más se puede recurrir a la vieja metáfora de la lucha política versus economía. Antiguo y reiterado enfrentamiento que cada tanto sacude la vida de los argentinos y que ahora, cuando es tan dudoso que la economía neoliberal vuelva a la Casa Rosada mediante elecciones, sus pregoneros atacan y condenan al Gobierno pero no por lo bueno o malo que el Gobierno hace –aunque sus méritos tiene, sobre todo en lo social– sino porque la oposición es de espanto.

Hartos de confiar en dirigencias políticas siempre vacilantes, oportunistas y expertas en chantajes morales y cambios de camiseta, cada equis tiempo el poder empresarial y mediático que verdaderamente dirige la lucha contra el Gobierno se pinta la cara y se dispone al asalto final.

Ya hay junta nacional de granos. Pero privatizada y transnacionalizada.

Según La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) diez corporaciones transnacionales controlan el 80% del mercado mundial de alimentos en un planeta con mil millones de habitantes que padecen hambre. Parece que la alimentación es asunto importante como para dejarlo librado a empresas privadas.

De esta liga, seis de sus miembros (Archer Daniels Midland, Bunge, Dreyfus, Cargill, Nidera y Toepfer) manejan el 82% de las exportaciones de Soja en Argentina. Estas firmas a su vez oligopolizan el 60% de todas las exportaciones agropecuarias argentinas.

Una visión alternativa para 2014

En una nota publicada por La Nación se conjetura "estancamiento con inflación" para este año, sin que se alcancen los motivos en que se afirman esos supuesto. Pero, claramente, existen miradas antagónicas.

En general, la formulación de predicciones económicas es altamente problemática. El que las formula debería incorporar opciones diferenciadas según el perfil de las políticas públicas que podrían orientar el desenvolvimiento económico de un país en un período determinado. Si su análisis no tiene ese perfil es porque su predicción está orientada por un único pensamiento económico que es el de quien efectúa el citado pronóstico. Entonces, quien así formula su visión a futuro no se atreve –por múltiples razones– a incorporar otras miradas en el escenario por venir porque no las considera ni posibles ni legítimas ni viables.

Escoba nueva

A partir del mes que viene, el Indec publicará un nuevo índice de precios, que es la consecuencia de un trabajo que llevó más de un año de elaboración. El dato no pasará inadvertido si se tiene en cuenta que desde 2007 los números que da a conocer el organismo público dejaron de ser creíbles tanto para los principales actores sociales y económicos del país como para el ciudadano de a pie que hace sus compras habituales. Los aumentos salariales acordados en paritarias, el salario mínimo vital y móvil, los haberes jubilatorios y la Asignación Universal por Hijo dejaron de tomar como referencia el IPC a la hora de ajustar valores. También dejó de tener una correlación con lo que marcan las tasas de interés de los bancos o la variación a precios corrientes que indican las ventas.

El misterio de la felicidad

Richard Layard no necesita ver El Misterio de la Felicidad, la película estrenada aquí el jueves pasado con dirección de Daniel Burman y actuación de Inés Estévez y Guillermo Francella. Layard conoce bien esos misterios porque viene estudiando y escribiendo sobre la felicidad hace muchos años. Para este Lord y economista de la London School of Economics (LSE) la desigualdad es un factor fundamental de infelicidad porque las personas tienden a comparar su ingreso y riqueza. Si bien el dinero hace a la felicidad, la felicidad también deriva de la cantidad relativa de dinero respecto de los otros.

Las mediciones existentes sostienen firmemente la teoría. Según el Informe Mundial sobre la Felicidad que se presentó en setiembre pasado en el marco de la Asamblea Anual de Naciones Unidas, y del cual Lord Layard es uno de sus responsables, los diez países que encabezan el ranking son: Dinamarca, Noruega, Suiza, Holanda, Suecia, Canadá, Finlandia, Austria, Islandia y Australia. Como se ve, países con altísimo nivel de vida pero que, además, gozan de estructuras distributivas más igualitarias que, por ejemplo, Estados Unidos, Arabia Saudita o los Emiratos Árabes. El índice de felicidad se elabora tomando en cuenta el nivel de ingreso, la expectativa de vida, la percepción de corrupción, la libertad para elegir y la prevalencia de actitudes generosas.

De los 156 países incluidos en el informe, la Argentina ocupa el puesto 29, superado en América Latina por Chile (28), Brasil (24) y Costa Rica (12). Tampoco es casualidad que América latina haya sido la región que más mejoró respecto de la medición de hace cinco años, ya que fue la de mayor crecimiento económico y donde se registró un marcado descenso en la desigualdad (entre 2002 y 2011 bajó en 14 de los 17 países para los cuales hay datos comparables), aunque sigue siendo la región más desigual del planeta.

Paradójicamente, las mejoras sociales pueden llegar a ser contraproducentes para la felicidad. En una investigación realizada hace varios años y que abarcó varios países, Carol Graham y Stefano Pettinatto encontraron que los grupos de personas que habían ascendido socialmente y acababan de sumarse a la clase media no revelaban sentimientos de felicidad con su nueva situación, porque su nueva referencia de comparación era la clase alta y eso les generaba insatisfacción por lo inalcanzable. El estudio de esos economistas de la Brookings Institution se tituló Frustrated Achiever, que podría traducirse como triunfador frustrado. ¿Tendrá algo que ver ese mecanismo de frustración con el rechazo de algunos sectores de clase media al kirchnerismo?

Mucho antes de que se pusiera de moda la “economía de la felicidad”, en 1981 el señero Albert Hirschman explicó con un magnífico ejemplo el efecto que la desigualdad, la expectativa de progreso y la sensación de justicia tienen sobre la felicidad (si bien él no usó el término felicidad sino bienestar) y sobre la tolerancia a la desigualdad. Describe un embotellamiento de tránsito dentro de un túnel que frena por completo el avance de los dos carriles de autos. Él está ubicado en el carril izquierdo, cuando tras un largo rato de inmovilidad advierte que el carril derecho comienza a avanzar. Su primera sensación es de alivio porque supone que el embotellamiento terminó y pronto comenzará a avanzar su carril. ¿Pero qué pasa si el tiempo transcurre y sólo avanza el carril derecho? En tal caso, dice Hirschman, sospechará que algo injusto sucede, se enfurecerá y probablemente decida hacer algo, que bien podría ser cruzar ilegalmente la doble línea que separa ambos carriles. La analogía muestra como el bienestar depende de la situación presente, pero también de las expectativas, y que la desigualdad se tolera mientras haya esperanza de mejora. El ejemplo del túnel es también una clara analogía de la relación entre desigualdad y sentimiento de injusticia con la transgresión a la ley.

Volviendo a Lord Layard, en sus ensayos clásicos plantea que aún en una situación en la que todos mejoran su ingreso, puede haber algunos más infelices que antes, debido a que empeoró su ubicación en comparación con la de otros. Esas sensaciones, señala, activan un constante deseo de ascenso social que termina convirtiéndose en una carrera sin fin, como la de las ratas en el laboratorio que inspiró a Bob Marley. Contra eso, propone atacar, con impuestos u otras medidas, el consumo suntuario y los patrones consumistas en general. El objetivo de esas políticas es contrarrestar la desigualdad, pero también desincentivar lo que considera una desproporcionada preocupación por la adquisición de objetos materiales, que implica descuidar otros aspectos que contribuyen a la felicidad como la vida en familia y la interacción social con la comunidad y amigos.

El último ensayo de Layard, junto con otros cuatro investigadores del Center for Economic Performance de la LSE, es de octubre pasado, lleva el muy ambicioso título ¿Qué Predice una Vida Exitosa?, y entre sus conclusiones señala: “Por lejos, el factor más importante para predecir la satisfacción de un adulto es la salud emocional, tanto en la niñez como posteriormente. El siguiente más importante es el comportamiento pro-social en la niñez”.

La grieta de la desigualdad en el mundo es abismal y creciente. El lunes pasado Oxfam presentó un informe titulado “Gobernar para las Elites – Secuestro Democrático y Desigualdad Económica” que muestra lo siguiente:

l Si se divide la riqueza mundial (241 billones de dólares) en dos partes iguales, el 1 por ciento más rico se queda con una mitad y el 99 por ciento restante con la otra.

l Si se divide a la población mundial en dos partes iguales según el nivel de riqueza, la riqueza total de la mitad más pobre (3.600 millones de personas) equivale a la que poseen las 85 personas más ricas del mundo.

Oxfam es una institución fundada en Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial para luchar contra el hambre (su nombre es el acrónimo de Oxford Committee for Famine Relief). El informe fue elaborado como advertencia y reclamo hacia los participantes en el Foro Económico Mundial de Davos, al que asisten varios presidentes, poderosos hombres de negocios e importantes políticos. En los años ’90 una nutrida delegación argentina peregrinaba cada enero hacia ese pueblo suizo. Este año estará presente Mauricio Macri y algún que otro empresario.

Con cierta ingenuidad, Oxfam les reclama a los participantes del Foro de Davos que se comprometan a impulsar sistemas tributarios más progresivos, a no esconder su dinero en paraísos fiscales, a pagar dignamente a sus empleados y a abstenerse de usar su dinero para obtener favores políticos que minen la democracia.

Davos es un lugar ideal para disfrutar del paisaje y de Kirchner. Allí vivió y murió el pintor Ernst Kirchner, y está el museo que lleva su nombre y que exhibe varias de sus extraordinarias obras.

Davos debate las desigualdades, pero invita a los evasores fiscales

Quienes lo ven desde fuera podrían imaginarse que a los líderes empresariales que todos los años se reúnen en Davos para darle a la lengua sólo les preocupa enriquecerse. Sus críticos podrían llegar a imaginarse que los jefazos de las empresas, que llegan volando al Foro Económico Mundial, a 1.600 metros de altitud en los Alpes suizos, en sus helicópteros, con sus señoras de buen ver revestidas de armiño, no son conscientes de las tribulaciones de los pobres. Pero estarían equivocados.

Mientras los ricos y poderosos hacen sus preparativos de última hora para su semana en la montaña mágica, es su deseo enviar un mensaje de que comprenden lo que sucede con la desigualdad. Padecen por ese sufrimiento. De verdad que sí.

La prueba de la línea basada en el "Davos lo entiende" procede del informe anual de riesgos recopilado por el Foro Económico Mundial. Pregunta a 700 de sus miembros cuáles creen que serán las amenazas a la economía global más acuciantes de la década que viene. La desigualdad se considera la amenaza más probable.

Klaus Schwab, que creó la reunión de Davos en la década de 1970, está satisfecho de este hallazgo. Como buen socialdemócrata chapado a la antigua, quiere que sus miembros reciban una lección de historia y se den cuenta de que el capitalismo no puede sobrevivir si la renta y la riqueza se concentran en poquísimas manos. A lo largo de la mayor parte del siglo, los líderes empresariales más perspicaces se dieron cuenta de que sus trabajadores necesitaban salarios razonables para que pudieran comprar los bienes y servicios que ellos producían. Aprehendieron la idea de que un sistema de mercado en su forma más cruda era incompatible con la democracia y dieron así su aquiescencia, mientras se limaban los bordes más ásperos por medio de una fiscalidad progresiva, del Estado del Bienestar y los frenos al capital. En su fuero interno, temían que la Revolución Rusa sirviera de modelo a los trabajadores desafectos de Occidente.

Las actitudes han cambiado en los últimos 30 años. La llamada Gran Compresión de rentas que vimos entre las décadas de 1930 y 1970 invirtió su rumbo, mientras el 1% superior se hacía con los frutos del crecimiento. Los ricos recurrían a su dinero y su influencia para asegurarse de que los gobiernos hicieran su voluntad. Tras la caída del Muro de Berlín, no había modelo rival y sí menos necesidad de mostrar moderación. Con la llegada de un mundo unipolar, se volvió a una forma más agresiva de economía de mercado como no se había visto desde los primeros días de la industrialización.

Schwab declaró la semana pasada que el crecimiento no inclusivo es insostenible, y tiene razón. Un documento distribuido hoy por Oxfam llega a la misma conclusión, haciendo notar que las 85 personas más ricas del mundo poseen una fortuna equivalente a la riqueza total – $1.7 billones de dólares– de la mitad inferior de la población de la Tierra. Es una cifra bastante apabullante. Se podría meter a esas 85 personas en un autobús londinense de los de doble piso (no es que monten alguna vez en bus) y serían igual de ricos que 3.500 millones de personas.

El contraargumento es que hay mucha menos pobreza de la que había hace 15 o 20 años y esto – en buena medida gracias a tres décadas de crecimiento explosivo en China – es verdad. Los que argumentan que una marea alta eleva a todos los barcos se preguntan a qué viene todo este alboroto.

El alboroto guarda relación con tres de los temas que van a figurar este año en el orden del día de Davos: lo perdurable de la recuperación económica, el cambio climático y el abismo entre ricos y pobres. En la fase anterior a la crisis de 2007-2009, la creciente desigualdad era compatible con la expansión gracias tan solo a niveles cada vez mayores de endeudamiento personal. Desde el inicio de la crisis, el tinglado ha seguido moviéndose gracias a un estímulo sin precedentes de los bancos centrales. A corto plazo, la preocupación estriba en qué sucederá en las economías, más frágiles, de los mercados emergentes a medida que la Reserva Federal vaya restringiendo su programa de compra de activos. El proceso de imprimir dólares llevó a que el dinero caliente saliera en tromba de los EE.UU. hacia las divisas de mercados emergentes de mayores rendimientos; al deshincharse el programa puede que veamos una nueva tromba.

Una preocupación a largo plazo es que exprimir de manera prolongada los salarios reales –intensificación de la tendencia del último cuarto de siglo – vendrá a suponer que la gente pida más prestado para financiar sus hábitos de consumo justo cuando la eliminación gradual del estímulo encarece los préstamos.

La segunda gran cuestión, que ha quedado inactiva desde el comienzo de la crisis, es si el actual modelo de crecimiento global es coherente con impedir que el planeta se acabe friendo. Una recesión siempre relega las cuestiones ambientales en el orden de la agenda y esta ha sido una recesión especialmente honda y dolorosa. La falta de coordinación global y la (errada) creencia de que la fracturación hidráulica (fracking) es la respuesta a las necesidades energéticas mundiales no ha contribuido a mejorar las cosas.

Por último, está la inclusividad. La recesión ha sido especialmente brutal con los jóvenes, muchos de los cuales se encuentran sin empleo o desempeñando trabajos para los que están sobrecualificados. En muchos países de mercados emergentes, la población se vence del lado de los menores de 25 años, el grupo con mayores probabilidades de emigrar o provocar disturbios sociales en el país. Los medios modernos hacen evidentísima la sesgada distribución de la riqueza, el poder y las oportunidades.

Tal como refiere el informe de Oxfam: "Cuando la riqueza se apodera del diseño de las medidas políticas, se retuercen las reglas para favorecer a los ricos, a menudo en detrimento de todos los demás. Entre las consecuencias se cuentan la erosión de la gobernanza democrática, la descomposición de la cohesión y la desaparición de la igualdad de oportunidades para todos. A menos que se pongan en práctica soluciones políticas audaces para frenar la influencia de la riqueza sobre la política, los gobiernos van a actuar en favor de los intereses de los ricos".

Sin duda, la línea de Schwab sobre la desigualdad recibirá esta semana mucho apoyo en público. Habrá asombro y nervios ante algunos de los hallazgos más sorprendentes del informe de Oxfam, como que en los EE. UU. el 1% más rico ha acaparado desde 95% del crecimiento tras la crisis financiera, mientras que el 90% de la base se ha vuelto más pobre.

Pero no esperemos mucho apoyo a ninguno de los remedios sugeridos por Oxfam: que las grandes empresas dejen de recurrir a escondites fiscales para pagar impuestos; que los líderes empresariales apoyen una fiscalidad progresiva, la cobertura universal de sanidad y educación y un sueldo que alcance para vivir en todas las empresas que controlan. Puede que los directivos presentes en Davos estén preocupados por las repercusiones de la desigualdad, pero no están tan preocupados y no están ni la mitad de preocupados de lo que deberían estar.

Schwab podría hacerles la vida más incómoda a sus invitados poniendo nombre y apellidos a los agresivos evasores fiscales y abochornándolos, dejando de invitarles a su festejo de charlas. Con ello, sin embargo, quedarían muchas habitaciones libres en Davos.

Por el contrario, empresas como Google (facturación de 2012 en el Reino Unido: 3.000 millones de libras esterlinas; beneficios en el Reino Unido: 900 millones de libras; impuesto de sociedades: 11,6 millones de libras) pueden dárselas de buenos ciudadanos globales. Este año los periodistas están invitados a una “charla junto al fuego” con Eric Schmidt, como para mostrar que el presidente de Google no es un magnate despiadado sino la reencarnación de Franklin Roosevelt.